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POCO A POCO

Alepo y la miseria humana

lunes 19 de diciembre de 2016, 14:17h

Con la tontería la Navidad se nos ha echado ya encima. Poco queda del espíritu genuino de estas fiestas, ensombrecidas por una borrachera consumista que nos marea hasta el punto de perder, aún más si cabe, la perspectiva de cómo de mal está el mundo.

A 3.563 kilómetros de distancia de esta redacción está teniendo lugar, en este mismo instante y desde hace años, una de las mayores atrocidades humanitarias de los últimos dos siglos, quizá la más salvaje desde la de Srebrenica y a la altura de las de Ruanda o Nankin.

La potencia de las palabras no llega a dar significado completo a lo que está pasando en Alepo, una ciudad antaño orgullo de Oriente Próximo y hoy literalmente arrasada por unos cruentos combates que han atrapado a decenas de miles de personas, hombres, mujeres y niños indefensos, entre sus escombros.

Alepo es hoy, tras seis años de combates, el vivo ejemplo de la miseria, el reflejo de cómo la diplomacia más deshumanizada ha dejado a su suerte a todos esos inocentes cuyo único pecado ha sido el de creerse con el derecho a luchar por su supervivencia. ¡Qué ingenuidad la suya!

Los grandes actores internacionales, y aquí se cuentan Washington, Moscú, Bruselas, Naciones Unidas, etc., han condenado a muerte a miles y miles de sirios que tienen que elegir entre una terrible dictadura, que se la tiene jurada y que les ajusticia mientras son evacuados (82 personas, incluyendo mujeres y niños, la semana pasada), o las barbaridades de los islamistas radicales, que no dudan en asesinar, violar o torturar a todo aquel que no les dé cobijo, agua o alimento, cosas de las que, evidentemente, carecen.

Con esas, la ciudad se ha convertido en un macabro laboratorio donde unos y otros, fuerzas gubernamentales apoyadas por Rusia y rebeldes yihadistas vinculados a Al Nusra, la rama local de Al Qaeda, luchan pasándose por el forro cualquier convención humanitaria o de armamento y siendo los inocentes, como siempre, los que pagan con su vida esta lucha irracional.

Sólo la batalla por Alepo se ha cobrado la vida de 40.000 civiles, según los informes de los pocos que han podido acceder a la zona, por lo que la cifra podría ser incluso mayor. Pero la suerte de los que siguen vivos no es mucho mejor. A las venganzas de uno y otro bando por estar ahí se le suman una hambruna permanente por el robo y tráfico de la ayuda externa, la total ausencia de asistencia sanitaria elemental y unas condiciones de higiene y alojamiento propias de un vertedero. Todo esto empeorado si cabe por el frío propio de estas fechas. Dicho de otro modo: el infierno en la Tierra.

Mientras, Naciones Unidas condena los hechos una y otra vez con inoperancia palmaria, Estados Unidos no quiere meterse demasiado en un fregado por el temor a molestar al Kremlin y se limita a apoyar bajo cuerda a unos rebeldes que antes (y ahora) combatía en Afganistán e Iraq, Rusia no se cansará de apoyar a Al Assad como aliado estratégico en la zona y padrino de su única base naval fuera de su territorio y la Unión Europea... pues eso, que ni está ni se la espera.

Y, entre toda esta miseria humana, de vez en cuando un hálito insuficiente, menor, paupérrimo, pero esperanzador. Entre el fuego cruzado, medio centenar de huérfanos en condiciones "críticas" lograron ser evacuados este lunes de la ciudad después de meses poco más o menos que abandonados esperando a la parca.

Así que no está de más recordar que mientras nosotros disfrutamos unas fiestas en familia y 'peleamos' por ese último langostino, no tan lejos hay seres humanos cuya odisea es simplemente lograr sobrevivir a este lunes. No está de más hacer estos días un ejercicio de reflexión y caer en la cuenta de la enorme suerte que tenemos por dormir tranquilos sin temor a que llegue alguien en mitad de una noche al raso y nos meta una bala en la nuca simplemente por estar ahí, en lo poco que quedase de nuestro hogar.

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