www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NOVELA

Fernando Aramburu: Patria

martes 17 de octubre de 2017, 18:27h
Fernando Aramburu: Patria

Tusquets. Barcelona, 2016. 646 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 9,49 €. Tras los relatos de “Los peces de la amargura”, el escritor donostiarra retoma en “Patria” el horror del terrorismo etarra y su reguero de víctimas inocentes, en un retrato de las últimas décadas de la sociedad vasca. Una novela tan imprescindible como literariamente prodigiosa.

Por Carmen R. Santos

Pese a las enormes posibilidades que encierra, el asunto del terrorismo etarra no ha sido excesivamente tratado en la literatura. Hay, por supuesto, ejemplos, y entre los últimos cabe recordar El comensal, de Gabriela Ybarra, donde relata el secuestro y asesinato a manos de ETA de su abuelo Javier de Ybarra y Bergé. No obstante, en cualquier caso, no lo ha sido con la ambición y la envergadura con la que ahora lo hace Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) en Patria. No es extraño que el escritor donostiarra sea quien haya escrito la que, sin duda, quedará como la novela imprescindible y por antonomasia sobre un fenómeno tan perverso y devastador. Y no lo es porque a Fernando Aramburu, que vive en la ciudad alemana de Hannover, pero nunca ha perdido la conexión con su tierra natal, le ocupa y preocupa la cuestión desde hace tiempo, por muy difícil que resulte plantearla. Antes de Patria, la abordó en Los peces de la amargura (Tusquets, 2006) y en Años lentos (Tusquets, 2012) que, en buena medida, sentaron las bases de la novela que ahora ha dado a la imprenta. Especialmente Los peces de la amargura, extraordinario conjunto de diez relatos, ambientados en pueblos o ciudades del País Vasco, sobre la violencia etarra y sus terribles consecuencias con ese reguero de víctimas inocentes como la joven -en el cuento que da título al volumen-, que se ha quedado inválida a raíz de un atentado y cuyo padre intenta mantener la “normalidad” del día a día cuidando una pecera.

Las víctimas volverán a ser precisamente el centro de atención de Patria, ya desde su portada, con la imagen de un hombre con un paraguas rojo, que evoca la figura del periodista y miembro del Foro Ermua José Luis López de Lacalle, acribillado a balazos cerca del portal de su casa, cuando volvía de desayunar y de comprar los periódicos protegiéndose de la lluvia con un paraguas de ese color. La novela parte del momento en que ETA anuncia, el 20 de octubre de 2011, el cese definitivo de su actividad armada para recorrer luego, con saltos en el tiempo, casi cuarenta años de la historia de Euskadi, marcados por el terrorismo. Ese día, Bittori, ama (madre) de una de las dos familias protagonistas, decide retornar al pueblo de donde partió, después de que los etarras asesinaran a su marido el Txato –empresario de transportes a quien ETA extorsiona con el “impuesto revolucionario”-, también en una jornada lluviosa. Antes de marcharse, va al cementerio a contarle -algo que hace habitualmente-, la decisión de la banda, y la suya de regresar a su casa porque, le dice, “tengo una gran necesidad de saber. La he tenido siempre”.

Y allí, en ese pueblo innombrado que puede ser cualquiera de un País Vasco castigado y roto por la violencia, sabrá. No es bien recibida al reencontrarse no solo con los que participan o apoyan explícitamente las acciones criminales de la banda, sino con la miseria moral, con ese “algo habrá hecho” que como un siniestro runrún algunos propagaban ante los asesinatos, con el silencio, cuando no directamente el desprecio hacia las víctimas, la cobardía de mirar para otro lado, con todo cuanto fue degradando y rompiendo la convivencia. Como se rompió la relación de Bittori con Miren, en otro tiempo amigas del alma, y de sus familias.

Miren es el ama de la familia antagonista, y madre de Joxe Mari, etarra que está en prisión y del que Bittori intuye que no fue ajeno al asesinato de su marido. Con el Txato tiene Joxian, esposo de Miren y padre de Joxe Mari, una conversación altamente reveladora del asfixiante ambiente del pueblo. Cuando el Txato está ya en el punto de mira de la banda, Joxian le espera una noche en una calle oscura, para comunicarle: “Decirte que lo siento, que no te puedo saludar porque me traería problemas. Pero si te veo por la calle, que sepas que te estoy saludando con el pensamiento”. Confesión que resultaría grotesca si no fuera por lo que denota. El retrato de las dos familias -de los padres e hijos, y de sus parejas- nos proporciona una serie de personajes perfectamente caracterizados que consiguen aunar el ser singulares con la condición de resultar representativos de distintas actitudes. Se presenta así un impresionante fresco donde queda especialmente patente que a la destrucción y muerte que trajo consigo el terrorismo se añadió algo muy difícil de restañar como es la ruptura de la sociedad vasca, enfrentándose familias y amigos.

Patria se concentra en las víctimas, pero no descuida a los victimarios. Aunque Aramburu no es en ningún momento equidistante ni tibio frente a aquellos que tanto dolor han causado no solo en el País Vasco, sino en toda España. Al respecto, el escritor se ha pronunciado en entrevistas (“Me gustan los que no tratan de hacer un paraíso con sangre ajena”, declaró, por ejemplo, al Diario vasco) y artículos, como, entre otros, el titulado ¿Por qué matamos?. Y en el capítulo 109 de la novela -“Si a la brasa le da el viento”-, referido a unas Jornadas sobre Víctimas del Terrorismo y Violencia Terrorista, y en las que participa un autor que presenta un libro sobre el tema, leemos: “Y este proyecto de componer, por medio de la ficción literaria, un testimonio de las atrocidades cometidas por la banda terrorista surge en mi caso de una doble motivación. Por un lado, la empatía que les profeso a las víctimas del terrorismo. Por otro, el rechazo sin paliativos que me suscitan la violencia y cualquiera agresiones dirigidas contra el Estado de Derecho”.

Víctimas y verdugos no están en un mismo plano. De esta forma debe ser y así lo concibe Aramburu. Pero, junto a esto, tiene el acierto de no caer en mostrarnos personajes caricaturescos ni de cartón piedra, porque la grandeza de la literatura es descubrir y plasmar la complejidad del ser humano, y manejar con brillantez un juego de perspectivas en los 125 breves capítulos que forman la novela, literariamente prodigiosa. Véase por ejemplo el capítulo 122, “Tu cárcel, mi cárcel”, donde vemos a Joxe Mari en su celda, y sus reflexiones sobre pedir perdón. La posibilidad de solicitarlo, y de que se conceda, sin que implique olvido de toda la tragedia vivida o elusión de la justicia, recorre esta novela de enorme vigencia. Porque como bien dice Fernando Savater, que recomienda Patria, “la violencia ha sido derrotada, felizmente, pero la pócima de la que nació sigue burbujeando en el caldero”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (28)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.