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TRIBUNA

La enmienda de Cifuentes

miércoles 11 de enero de 2017, 20:06h

El hecho de que la enmienda al Congreso Nacional del PP de la presidenta de la Comunidad y de la Gestora del PP de Madrid, Cristina Cifuentes, “un militante un voto” se interprete como un "reto" indica que algo falla en el ámbito político. La propuesta de Cifuentes de que sean los militantes los que elijan a la dirección del partido en un sistema de doble vuelta no debería alarmar a nadie si tenemos en cuenta que la ortodoxia absoluta está reñida con la propia esencia del ágora político.

No hay nada mejor que la autocrítica para conseguir el crecimiento de un partido político y que yo sepa lo único que ha hecho hasta ahora Cifuentes es plantear una propuesta de mejora a la dirección del partido para que se discuta en el próximo Comité Ejecutivo del Partido Popular de Madrid. Parece absolutamente razonable que sea en los congresos de los partidos donde se debata y se traten los asuntos que a los militantes les preocupan. De hecho, el tema de la elección directa del presidente por parte de la militancia es algo que Cifuentes ya había planteado en muchas ocasiones con anterioridad, en la misma línea que lo ha venido haciendo Isabel Bonig.

Ha sido tal la presión recibida por Cifuentes que para que no se malinterpretasen sus intenciones se ha visto obligada a reconocer abiertamente que la propuesta de la Dirección supone “un paso importantísimo” al aludirse en ella a la elección directa por parte de la militancia y “en cuanto a calidad democrática y participación” supera “con mucho” los sistemas de elección de otros partidos.

Sobre si prosperará o no su particular iniciativa, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha manifestado que “siempre cabe margen de negociación” y ha esperado que una vez que el PP de Madrid presente la enmienda “se abra un proceso de acercamiento y negociación con el ponente y el equipo que está pilotando la Ponencia de Estatutos para poder llegar a un acuerdo intermedio”.

Deja mucho que desear, en mi opinión, la reacción del vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maíllo, al haber insistido en que aunque el partido estudiará la enmienda de la gestora del PP de Madrid, dirigida por Cristina Cifuentes, previsiblemente, su propuesta caiga en saco roto por no venir apoyada por la mayoría del partido. No deja de sorprender que lo diga el vicesecretario de Organización del PP antes de que se plantee el asunto en el Congreso, que es el lugar donde se ha de ver la viabilidad de esta iniciativa. Esperemos que, al menos se abra un proceso de diálogo con todas las organizaciones que planteen alguna enmienda.

Maíllo confía sin disimulos en que la propuesta que él plantea en la ponencia de estatutos, la elección en doble vuelta, sea la que salga respaldada por la mayoría de las organizaciones territoriales. En la primera votarían los afiliados que acepten la invitación a votar, entre los 860.000 militantes del PP, y en la segunda los compromisarios del Congreso que solo pueden elegir entre los candidatos que han pasado la primera criba, esto es, que cuentan con un apoyo del 10%. Se trata de un porcentaje muy bajo que, al final, deja en manos de los delegados la elección del presidente. Se ha apostado por un mecanismo correctivo. Si alguno de los candidatos que se presenta a la primera vuelta -la que votan los afiliados- obtiene más del 50% de los votos, el 50% de apoyo en 30 circunscripciones o hay una diferencia de 15 puntos entre los distintos aspirantes, automáticamente habrá presidente del PP, que será el único que se someterá al voto posterior de los compromisarios.

El único aspecto novedoso de este nuevo modelo, que se ha presentado en la Ponencia Política y de Estatutos, es que se permite votar a las bases. Parece inviable que un candidato ajeno al aparato pueda convertirse en presidente del PP, a pesar de que solo se exija para ser candidato a la presidencia un año de militancia.

Sinceramente, me parece mejor la enmienda que plantea el PP de Madrid de cambiar esa segunda vuelta de forma que en ella sean también los afiliados los que elijan a su presidente, para que se cumpla la premisa de “un militante un voto”. El hecho de que solo puedan intervenir en la primera vuelta me parece que relega a los militantes del PP a un segundo plano.

Creo que la figura de líder de un partido político es lo suficientemente importante como para que los afiliados sea los verdaderos protagonistas en su elección. Ello exige naturalmente romper con el sistema tradicional del PP de elección que otorga una relevancia excesiva a los compromisarios. A mi modo de ver, una forma de sanear los partidos políticos, evitando la corrupción y la endogamia, no es solo obligar a todas las personas que integran sus listas electorales a presentar una declaración de idoneidad en la que acrediten su honorabilidad junto a su declaración de IRPF y de bienes y actividades. Hay que hacer además un esfuerzo de regeneración democrática desde abajo, dejando claro que el ostentar un cargo político exige una vocación desinteresada de servicio a la sociedad y no implica una carrera fulgurante de enriquecimiento y vanagloria personal.

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