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RELATOS

Hiromi Kawakami: Amores imperfectos

Hiromi Kawakami: Amores imperfectos

Traducción de Marina Bornas Montaña. Acantilado. Barcelona, 2016. 144 páginas. 16 €.

Por José Pazó Espinosa

Cualquiera que haya hablado con un editor español y le haya propuesto la publicación de un libro de cuentos, sabe el mantra que muchas veces obtendrá como respuesta: en España, no se pueden publicar libros de cuentos ya que los cuentos no se leen, no atraen, no se venden. Importa poco de qué traten, la factura o el fondo. Al decir esto, los editores dan la espalda a la historia de la literatura (plagada de obras maestras en forma de cuentos) y se la dan al escritor de cuentos que se alejará con la amarga idea de que para un editor español la cantidad vale siempre más que la calidad, o al menos que la calidad es un criterio siempre previo a la calidad. Pero aquí está Hiromi Kawakami para demostrarnos exactamente lo contrario.

Los cuentos de Amores Imperfectos, recientemente publicados (como gran parte de la obra de Kawakami) por Acantilado son 23 obras de relojería literaria. Breves, claros, simples, precisos, sugerentes, cálidos, íntimos, desconcertantes, fragmentarios, contundentes, sutiles, indirectos, actuales, secretos, leves, tristes, sorprendentes, familiares, mínimos, amorales, esperanzados, equívocos, distantes. Estos 23 adjetivos, no cubren ni reflejan la precisión que contienen estos cuentos. Y digo precisión porque cada uno de ellos apunta a esa parte de la anatomía donde para los japoneses antiguos reside al alma; el “hara” o bajo vientre. Apuntan y aciertan. La literatura de Kawakami es una literatura de “hara”, de lo que en Occidente llamaríamos corazón, o alma, o espíritu. O vida.

Sus protagonistas son muchas veces mujeres jóvenes que se enfrentan a la soledad y, en el fondo, al amor. Casi siempre caen derrotadas por este, y el cuento acaba donde empieza ese final y el vacío que sigue. Se diría que para Kawakami el amor es siempre una forma de ausencia contenida a veces en el recipiente de la pareja. Otras veces, en el de la soledad. En ocasiones se trata de un amor hacia alguien del mismo sexo, otras hacia hombres casados, pero siempre es un amor tratado con una naturalidad y una delicadeza que solo pueden venir de la sinceridad.

Los 23 cuentos se leen sin una continuidad de personajes o de lugar o tiempo, pero sí con una total continuidad de sensibilidad. La humildad y un ansia contenida de revelación enlazan las 23 historias. Y el lector no puede más que dejarse llevar por esos 23 guiños a su “hara”, a su alma alojada en el bajo vientre. Si alguna de esas sutiles historias queda en su memoria no es más que la prueba del poder de los cuentos. Y esa victoria del poder de lo breve es casi un secreto leve, o el castigo a un mal editor.

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