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POCO A POCO

El infierno en la Tierra

lunes 23 de enero de 2017, 15:21h

En ese agujero negro que es África, un continente que poco nos importa salvo para curar egos y conciencias, existe un lugar, casi por encima de cualquier otro en la Tierra, del que Dios parece haberse olvidado hace tiempo.

En esta región, árida como pocas, inhóspita en su mayoría, confluyen casi todos los dramas humanitarios imaginables: hambruna, sequía, pobreza extrema, guerra civil, tráfico de personas y odio sectario. Este infierno se llama Sudán del Sur y a poca gente le importa lo más mínimo lo que allí está ocurriendo, la antesala de un nuevo genocidio en masa.

Enclavado en África Oriental y flanqueado por su hermano mayor, Sudán, del que se escindió no sin violencia en 2005, Etiopía, Uganda y República Centroafricana, este país lo tiene todo para que a la comunidad internacional le importe un comino, y eso que Naciones Unidas lo declaró hace meses como la segunda mayor crisis humanitaria existente tras Siria.

En estos momentos, el corrupto Gobierno de Juba, de la tribu dynka, controla gran parte del país e intenta meter en cintura a los movimientos rebeldes del norte, sobre todo en la región de Unity, aunque los combates se han trasladado también al sur. La insurgente tribu nuer reclama una mayor autonomía y una descentralización del poder a base de asesinar, robar, violar y esclavizar a todo aquel que no se sume a su causa.

Todo en un sistema muy tendente al tribalismo y a las alianzas sectarias, lo que favorece el caos más absoluto. En medio, tres millones de desplazados de una población de once millones de personas y entre 50.000 y 300.000 muertos, según la fuente, en una espiral de violencia que se ha recrudecido desde el pasado verano ante la ignorancia generalizada.

Desde hace tiempo, un pírrico contingente auspiciado por la ONU intenta hacer algo en la zona, sin que las propias autoridades locales, más pendientes de asegurarse un château en la Costa Azul en el que exiliarse a cuerpo de rey, les dejen mucho margen de maniobra al considerar que la situación "no es para tanto" y que ellas pueden pacificar el país. Vamos, que 7.500 soldados de la UNMISS (el contingente formado por 2.600 soldados chinos, 850 franceses, 300 británicos, 300 japoneses, 70 estadounidenses...) llevan acuartelados desde 2013 luciendo bronceado.

Pero ojalá la violencia fuera el único de los problemas de la población local. El hambre mata cada año a miles de sursudaneses, en especial niños desnutridos, en el país confluyen epidemias de sarampión, cólera, malaria y kala azar y es una de las regiones más áridas del planeta, por lo que las condiciones sanitarias y los recursos hídricos brillan por su ausencia. Además, los corredores comerciales son muy inseguros, por lo que los productos y la ayuda humanitaria rara vez llegan a su destino.

¿Pero por qué importa tan poco Sudán del Sur? Sencillamente porque tiene poco más que nada que ofrecer. La economía, devastada desde hace años con una moneda local flotando en la devaluación, con una inflación del 800 por ciento y eminentemente rural y de subsistencia, languidece gracias a los oleoductos que pasan por el territorio pero que están mayoritariamente en manos del Gobierno vecino de Jartum. Vamos, que su único recurso ni siquiera redunda en su beneficio.

Y como pasa en muchas otras regiones del planeta, si no tienes nada que ofrecer, no le importas a nadie. Sudán del Sur no es la piedra angular de una lucha geopolítica, como es el caso de Siria o Líbano. Tampoco cuenta con recursos estratégicos por los que interesa pacificar la región. Ni siquiera cuenta con un drama lo suficientemente 'atractivo' para los medios como para que nos hagamos más eco. Simplemente es un país, el más joven del mundo con apenas cinco años de reconocimiento internacional, que se desangra ante la pasividad generalizada.

Ya pasó en los Balcanes, en Ruanda o en Darfur. Nos lamentaremos y nos apiadaremos de esta pobre gente cuando el hedor de los cadáveres llegue hasta nosotros, no antes. Entonces nos echaremos las manos a la cabeza y se nos llenará la boca con promesas que no tardaremos en traicionar. Mientras, estos desgraciados seguirán viviendo en el infierno en la Tierra, lo único que les hemos dejado que conozcan para nuestra vergüenza.

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