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TRIBUNA

La belleza del arte

jueves 26 de enero de 2017, 20:31h

Cuando se ha degustado una vez la belleza del arte, la vida cambia. Cuando has oído cantar al coro de Monteverdi la vida cambia. Cuando has visto a Vermeer de cerca, la vida cambia; cuando has leído a Proust, ya no eres el mismo.

La frase, que no he entrecomillado para dejarla más limpia, es de Jaume Cabré en su imponente novela “Yo confieso”, y aunque podemos discrepar sobre si nos subyuga más Monteverdi que Puccini o Verdi, Velázquez o Rembrandt que Vermeer, o preferimos el realismo mágico o a Faulkner o a Dostoievski, estamos entregados y ojopláticos ante la belleza del arte: “Procuramos sobrevivir en el caos mediante el arte”, concluye Cabré.

Un buen libro, una soberbia ópera, un concierto memorable, una escultura dinámica, una iglesia románica o un edificio modernista o una misa de Mozart (por ejemplo, en los Capuchinos de Viena) nos trasladan a un mundo mejor. Producen en nuestro interior un efecto transformador y en nuestro exterior una inevitable sonrisa de admiración. “¿Por qué me paraliza Homero? ¿Por qué me deja sin respiración el quinteto para clarinete de Brahms”. ¿Por qué soy incapaz de arrodillarme ante nadie y en cambio oigo la Pastoral de Beethoven y no me importa reverenciarle? ¿Qué poder tiene Schubert sobre nosotros? Yo, aquí donde me ve, me arrodillo ante el arte de Schubert”, dixit, de nuevo Cabré.

Ensalzar la belleza del arte en la civilización tecnológica dominada por lo instantáneo puede sonar a rancio, a antiguo y antediluviano. Es cosa como de viejos. Y la tesis que, modestamente, queremos sostener es la perfecta y acomodada compatibilidad entre pasar un rato de “jartarse a reir” con un vídeo de Youtube y “romperse el cuello” para contemplar atónitos los frescos de Goya en San Antonio de la Florida o “quedarse con la boca abierta” ante el Moisés de Miguel Ángel o “no poder dejarlo” ante la obra cumbre de Fernando Aramburu que ha titulado “Patria”.

Hay algo más que el móvil y sus centenares de últimas aplicaciones, la vida no se encierra en Google ni la Wikipedia es la verdad absoluta.

Las tecnologías de la información y de la comunicación han transformado la sociedad y también la vida individual, pero no son lo único. Es una extraordinaria incorporación a los planes de estudios la familiarización desde la educación primaria con las mismas, pero no deben olvidar el fomento de la lectura o la introducción a la música… La belleza del arte es el contexto necesario de la educación.

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