www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El viaje de la Unión Europea

martes 21 de febrero de 2017, 21:00h

Se cumplen ya veinticinco años desde que se elaboró el Tratado de Maastricht, que creó la Unión Europea y que representó el inicio de uno de los más formidables laberintos que se han escrito en la vieja Europa desde que James Joyce publicó Ulysses.

El Tratado de Maastricht aportó una novedad estructural y se solía usar la metáfora de un edificio formado por tres pilares para describirla. La Comunidad Económica Europea pasó a ser el primero y a llamarse simplemente Comunidad Europea, lo que indicaba un cambio de rumbo, de modo que un barco hubiera sido una metáfora más eficaz para representar ese nuevo periplo europeo, aunque en los barcos la carga también debe colocarse con equilibrio para que no se escoren y se acaben yendo a pique.

El primer pilar del Tratado Maastricht se distinguía por seguir el llamado “método comunitario” de creación normativa a través de sus instituciones propias, que era como venía actuando hasta entonces. Los otros dos pilares del nuevo edificio europeo, que paradójicamente se representaba como un antiguo templo griego, venían de fuera del sistema. Se trataba de la política exterior y de seguridad y de la política de cooperación policial y judicial en materia penal; ambas con una formación de decisiones intergubernamental, es decir como funciona cualquier organización Internacional en el mundo. El equilibrio se quiso conseguir, pues, mirando hacia atrás.

Hubo también una innovación de tipo funcional en el primer pilar, que fue la introducción de la subsidiariedad. Aunque más bien consistió en la readaptación de un criterio político, que pasó a convertirse en principio general, junto con otros dos principios: el de atribución y el de proporcionalidad, que se colocaron en la primera parte del tratado como guía para el viaje. Lo que pasa es que si se avanza mirando hacia atrás, difícilmente se puede ver lo que está delante.

La subsidiariedad ya había nacido para el mundo comunitario europeo con el Acta Única Europea en 1985, que introdujo varias políticas y en particular la del Medio Ambiente, donde textualmente se decía que “la Comunidad actuará en la medida en que los objetivos contemplados puedan conseguirse en mejores condiciones en el plano comunitario que en el de los Estados miembros considerados aisladamente.” O sea, dos cosas caracterizaban a la subsidiariedad medioambiental: que era un criterio de ejecución, no de legislación; y segunda, que estaba pensada para la división de competencias (de ejecución).

El modo en que se fue desarrollando la subsidiariedad en este viaje, que era más bien de retorno que de ida, es un ejemplo de la complicada normativa europea, que dio un salto cualitativo en Maastricht. El principio de subsidiariedadestaba contenido en el art. 3.B del Tratado de Maastricht, que era parte del artículo G de la 1ª Parte del Título II, y en la actualidad, tal y como ha quedado redactado en el Tratado de Lisboa, es el artículo 5º del Tratado de la Unión Europea, que antes era también el artículo 5º pero del Tratado de la Comunidad Europea.

El caso es que ahora el principio de subsidiariedad se utiliza en los ámbitos que no son de competencia exclusiva de la Unión Europea, de forma que ésta interviene cuando los objetivos no se puedan conseguir suficientemente por los Estados a nivel central, regional y local (antes no se decía nada de los niveles) sino que se logren mejor por la dimensión o sus efectos (antes tampoco se decía nada ni de la dimensión ni de los efectos) a escala de la Unión Europea.

Ahora bien, según el Proto­colo sobre la aplicación de los principios de subsidiariedad y proporcionalidad, las instituciones también aplican el principio de subsidiariedad internamente en el proceso legislativo, que no era para lo que, al principio, estaba previsto el principio. Y es que subsidiariedad no es equivalente a repetición de lo mismo en cada uno de los procesos, de cada una de las fases y por cada una de las instituciones, y además, en todos los estados miembros, porque entonces se convierte en una odisea.

El actual artículo 1º del Tratado de la Unión Europea dice que “el presente Tratado constituye una nueva etapa en el proceso creador de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa, en la cual las decisiones serán tomadas de la forma más abierta y próxima a los ciudadanos que sea posible.” Pero la forma más eficaz de subsidiariedad en la vieja Europa es que, en esa aventura de vuelta a casa, sean los propios ciudadanos quienes hagan el viaje.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.