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TRIBUNA

El caballo de Troya y la Unión Europea

martes 28 de febrero de 2017, 19:56h

Retirarse del campo de batalla dejando un enorme caballo de madera y que los asediados rompan hasta la puerta de la ciudad para meter el caballo dentro porque no cabía, y que después resulte que el caballo estaba totalmente lleno de soldados enemigos que destruyen la ciudad, fue la famosa estratagema que dio fin a la guerra de Troya, donde hombres y dioses lucharon para ejemplo de los siglos futuros.

La estrategia del “caballo de Troya” tiene aplicación universal y no solo hay caballos de Troya mitológicos, sino que hoy en día los hay también informáticos y hay hasta caballos de Troya jurídicos, todos los cuales comparten, además de la apariencia engañosa, esa característica consistente en que el engañado se muestra incapaz de creerse que le están engañando aunque sabe positivamente que lo están haciendo, porque hay que estar, no en Grecia, sino en Babia para pensar que el enemigo se va a marchar y encima te va a hacer un regalo.

La antigua Grecia es reconocida como la cuna de la civilización occidental y Grecia, no la antigua sino la moderna, ingresó en la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1981, aunque si repasamos los hechos no parece que esté tan claro quien de las dos lo hizo.

La CEE se había constituido en 1957 como una organización internacional donde prácticamente podía entrar todo el mundo, con tal que fuera europeo. El art. 237 del Tratado de Roma decía que “cualquier” estado europeo podía solicitar el ingreso como miembro y en el segundo párrafo añadía que las condiciones de admisión y las adaptaciones del Tratado que ello implicase serán objeto de un “acuerdo” entre los estados miembros y el solicitante. O sea, que no había condiciones previas sino que las normas vendrían posteriormente gracias a lo que se conviniera ¿Qué más se puede pedir, si se podía acordar de todo?

Los redactores del Tratado de Roma previeron incluso un segundo mecanismo, de forma que se podía ser parte de la organización en la categoría de asociado, sin tener que ser miembro y hasta sin tener que ser siquiera un estado. También las condiciones se ponían después y eran muy relativas, como podemos ver por la ambigüedad de los términos. En efecto, el artículo 238 del Tratado de Roma decía que “la Comunidad podrá concluir con un tercer Estado, una unión de Estados o una organización internacional, acuerdos que instituyan una asociación caracterizada por derechos y obligaciones recíprocas, acciones comunes y procedimientos particulares.”

En 1961 Grecia ya firmó un acuerdo de asociación con la CEE, cuyo artículo 2.° decía que su objeto era “promover el reforzamiento continuo y equilibrado de las relaciones comerciales y económicas teniendo en cuenta la necesidad de asegurar el desarrollo acelerado de la economía griega y la rehabilitación del nivel de empleo y de las condiciones de vida del pueblo heleno.” Luego, estaba bien claro que era un acuerdo de carácter económico, del que se desprende que Grecia no estaba, económicamente, lo que se dice muy desarrollada en aquellos momentos.

Grecia pasó después, o sea durante la vigencia del acuerdo de asociación, entre 1967 y 1974 un periodo de dictadura militar, que sin embargo no dio lugar a la suspensión del acuerdo, y las disposiciones relativas a la unión aduanera europea se siguieron aplicando. Lo que no se aplicaron fueron las normas de política agrícola y la ayuda financiera. Cuando Grecia solicitó el ingreso en la CEE en 1975 acababa, pues, de salir de una dictadura y estaba en medio de un gran atraso económico. No obstante Grecia entró en la CEE.

En 1961 el Reino Unido solicitó ingresar en la CEE y De Gaulle siempre pensó que era un caballo de Troya, y se opuso a ello, de forma que los ingleses no pudieron entrar hasta que el general se retiró. La Comisión Europea, en el caso de Grecia, dijo que sí al ingreso, pero añadió que debería haber un periodo transitorio. El Consejo, en cambio, no fijó ningún periodo transitorio.

Ortoli, presidente de la Comisión Europea, dijo que “no se trata simplemente de hacer desaparecer algunas barreras a los intercambios, de organizar un mercado, de aplicar reglamentos o directivas (..) qué país más que Grecia puede prevalerse de tantos títulos para ser parte de nuestra Europa, ella que mantiene con nuestros países lazos tan profundos y que se remontan a la noche de los tiempos.” Por su parte Van der Stole, presidente del Consejo, dijo que “la entrada de países ricos en largas tradiciones parlamentarias y democráticas, reforzará el núcleo central de Europa.”

Y así hemos llegado hasta hoy, cuando Grecia sigue con las dificultades económicas y la Unión Europea tiene delante una crisis existencial que no cabe por la puerta.

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