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TRIBUNA

Memoria del maestro Boadella "El sermón del bufón"

jueves 09 de marzo de 2017, 20:03h

Aunque Albert Boadella abandonó hace meses la dirección de los Teatros del Canal, no nos dijo adiós a los madrileños. Su “El sermón del bufón” -que ha representado esta semana a sala repleta- tiene, esta vez sí, un cierto aire de despedida del más importante creador teatral español de las últimas décadas. Estoy seguro que trama otras producciones ciertamente diferentes y vinculando la música a la escena, como las maravillas que nos ha legado en su última etapa desde el “Amadeu” (en recuerdo de Vives, el compositor de zarzuelas despreciado en su tierra catalana), o el fresco y divertidísimo “El pimiento Verdi” (en homenaje al grande entre los grandes, cuya creatividad envidió el muñidor de nibelungos, walkirias y otras obsesiones) o la recreación del “Don Carlo” a escasos metros del monasterio de El Escorial donde está enterrado el padre del protagonista.

Cabe perder la objetividad -y está plenamente justificado- ante un personaje tan polifacético como Boadella que en su “Sermón” se autodefine como contradictorio, dividido en la personalidad más divertida y pícara de Albert y la más pausada pero no menos creativa de Boadella. Y esa pérdida de objetividad, que confieso, se traduce en admiración rendida e incondicional hacia una personalidad imaginativa, innovadora, irónica, rompedora, hasta iconoclasta, pero tierna.

Claro que le duele Cataluña, y mucho. Tiene que soportar que le llamen “fill de puta”, que le acusen de traidor, que le desprecien y amenacen y e incluso que le nieguen el saludo. Pero, la de Boadella, como la de cualquier persona que piense, es una mente abierta. Por más que adore su pequeño espacio, no puede dejar de integrarlo en el conjunto, en el universo. Es Cataluña la que se traiciona (y se engaña) a sí misma, y sus intérpretes de pacotilla, Boadella está en su sitio y sin dar la espalda. Aunque no reniega de su condición de bufón, en realidad los bufones son los otros.

Le enerva lo políticamente correcto, el segundismo borreguil y, por supuesto, la mediocridad y la falta de altura de miras. Le sacan de sus casillas los ismos invasores: el populismo, el identitarismo, el soberanismo, el meapilismo de los admiradores del Pollock o de otros expresionistas insoportables, el sectarismo, el ecologismo fundamentalista, el feminismo ramplón, el animalismo… Nadie quiere atreverse a distanciarse un milímetro de lo que nos mandan debemos pensar o transmitir y todos los medios contribuyen a forjar ese pensamiento único. Ello conduce al enanismo de una sociedad que se limita a radiar frases hechas a base de corrección.

Bueno, siempre nos queda soñar, y el recuerdo de nuestro primer juguete. En el caso de Boadella fue un coche de hojalata. No lo arrojemos al pozo.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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