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LOS COLEGIOS, ABIERTOS PARA LA ELECCIÓN DEL FUTURO EJECUTIVO

Holanda mide su radicalismo en unas elecciones cruciales

Holanda mide su radicalismo en unas elecciones cruciales
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(Foto: Efe)
martes 14 de marzo de 2017, 19:48h
El ultraderechista Wilders pugna por ser el líder más votado. Por Borja M. Herraiz

Este miércoles Holanda decide mucho más que su próximo Gobierno. Definirá en gran medida su identidad como país, como sociedad europea moderna. De lo que se decidan las urnas se desprenderá la línea de actuación de una ciudadanía que durante décadas ha sido ejemplo de conciliación, tolerancia y convivencia.

Con un 24 por ciento de respaldo popular cada uno, los dos grande candidatos a hacerse con la victoria son el actual primer ministro, Mark Rutte, que como el resto de grandes líderes europeos ha visto su figura erosionada durante la pasada legislatura ante los vaivenes de la Unión Europea, y el neofascista Geert Wilders, líder de la extrema derecha holandesa y gran exponente de los radicales centroeuropeos.

Si bien es muy poco probable que Wilders logre formar Gobierno en última instancia, pues necesitaría para ello encontrar aliados entre el resto de partidos, cosa que se antoja casi imposible ante la negativa pública de la gran mayoría de ellos ha alinearse junto a la extrema derecha, el auge del discurso abiertamente racista e islamófobo de Wilders preocupa y mucho dentro y fuera de Holanda.

De formas elegantes y palabras populistas, Wilders ha sabido ganarse al electorado más humilde del país, que desconfía de la llegada masiva de inmigrantes año tras año y rechaza la creciente cultura islámica en las grandes urbes holandesas. De este modo, Wilders, que hasta hace unas semanas encabezaba los sondeos, ha sabido hacerse fuerte entre el descontento del votante y ganar terreno a las fuerzas tradicionales.

Sin embargo, y en un caso parecido al de Marine Le Pen en Francia, Wilders no verá, casi con toda seguridad, consumado su éxito, pues la aritmética electoral juega en su contra. Tiene muy lejos la mayoría necesaria para depender de sí mismo y nadie quiere sumarse a su hipotética coalición.

Enfrente, mientras, se encuentra Rutte, que ha recuperado algo de terreno en la recta final de la campaña pero que no logra acabar de reenganchar a los grandes nichos de votantes de la periferia de las ciudades. Por bandera, el actual primer ministro ha esgrimido la buena salud de las cuentas públicas holandesas, de las mejores en la zona euro, y un boyante estado de bienestar, que sitúan al país como uno de los mejores para vivir de todo el planeta.

Por contra, las drásticas medidas de restricción del gasto público que tanta polémica han levantado durante los últimos cuatro años siguen mermando su porcentaje de voto, que sigue a la par que la de su contrincante ultraderechista.

Rutte, en la misma situación de minoría que Wilders, tendrá que buscarse aliados para mantenerse en el cargo. Y aquí entra una pléyade de fuerzas izquierdistas y liberales que harán valer su posición de fuerza para intentar rascar cuota de poder y decisión tanto en el Parlamento como en el futuro Ejecutivo.

De todos modos, sea como fuere el resultado que arrojen este miércoles las urnas holandesas, el que Wilders y su neofascismo se hayan convertido en la fuerza a batir en las urnas ya es un hecho más que significativo de la peligrosa deriva que han tomado algunas democracias en el corazón del Viejo Continente. Grecia, Hungría o Polonia fueron ya un preocupante prólogo. Francia una realidad que no acaba de consumarse por el momento. Holanda, por su parte, puede ser el primer laboratorio serio del nuevo fascismo europeo.

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