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NOVELA

Celso Castro: Sylvia

domingo 02 de abril de 2017, 18:39h
Celso Castro: Sylvia

Destino. Barcelona, 2017. 119 páginas. 18 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Daniel González Irala

A este llamativo escritor coruñés del 62, poeta y cuentista antes que novelista, se le ha atribuido el término “anonimia” a la hora de analizar su muy personal obra, una obra en la que destacan los conocidos como Relatos del yo (“El afinador de habitaciones”, “Astillas” y “Entre culebras y extraños”) donde, sin utilizar las mayúsculas ni en el inicio, ni en los nombres propios ni tras los puntos y seguido, y añadiendo en contraposición unos guiones que a veces también sirven de cesura poética o para hacer más visual cierta subordinación en las frases, sus protagonistas-narradores, en aras de la identificación con el lector- su principal narratario y no el último- no tienen nombre.

La utilización asimismo de un aliento fresco y novedoso, nos sitúa ante una nouvelle absorbente y centrífuga que, en este caso, narra las vicisitudes del amor no correspondido en un chico ordinario con altas dotes para la poesía (quería serlo ya bien joven y antes de conocer a su amada) al que la vida le desgarra y deshilacha a la vez en parte también por causa de un turbulento pasado familiar que vive en el recuerdo con cierta indiferencia y hasta desprecio. Su madre enviuda pronto y se lía con uno de los fiscales que llevaban el ya prescrito caso de su marido, y aquel resulta ser un tipo muy british que no entiende o que su fuerte no son las pasiones humanas. De sus padres cuenta, por ejemplo, “digo esto porque cuidaban mucho las formas y la fatuidad”.

En la pandilla del protagonista están René y Hugo con sus respectivas novias. René le envidia y el otro chaval quiere ser novelista a costa de tomar apuntes del natural caóticos y a veces intimidantes para los demás, el poeta es quién narra y quizás lo peor que le puede pasar es que tiene talento, lo que le lleva a publicar bien pronto en la revista Minotauro, cuyo departamento de edición, así como las colaboraciones de relatos eróticos, lo lleva una mujer mayor que ellos, Sylvia, ángel y demonio, tierna y fría como un témpano de hielo cuando hay que serlo.

Como decíamos la estructura resulta ser indagadora hasta el punto en que arrastra como las olas en batida hacia dentro, de un modo huracanado, intenso, desde el que jamás volveremos a entender igual la palabra morriña, tan gallega. De entre tanto meandro que lleva a la esencia que es la herida, salen pequeños apuntes desbrozados como los ya comentados, que sirven, como en “y también pensé que a veces no tienes fuerzas ni para suicidarte, que incluso para suicidarte debes tener buen ánimo”, para que tras estos zig-zags de la marea, uno encuentre no arena para tumbarse, pero sí el consuelo de un ritmo nuevo, que queda vacío después de esa etapa de expansión anfetamínica que lleva a la ya entonces ex de René a conseguir situarlo en todo lo contrario a un clímax, quizás uno de los finales más tristes que puedan haber leído.

Es reseñable igualmente la utilización de una voz en estilo directo, potentísima, que interpela de un modo agresivo al lector, no apta para paladares fácilmente asustadizos o caracterizados por una elegancia demodé.

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