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TRIBUNA

La Unión Europea y la Física

martes 04 de abril de 2017, 20:12h

La Unión Europea (UE) como organización internacional (OI) ha tenido relación con la Física desde que se inició el proceso de constitución de OIs sectoriales en Europa occidental a consecuencia de la 2ª Guerra Mundial, y no solo por la creación de la Comunidad Europea de la Energía Atómica en Roma, al mismo tiempo que la Comunidad Económica Europea, sino también como una metáfora recurrente de su propio funcionamiento.

En 1965 se firmó un tratado llamado de “Fusión de los Ejecutivos” (Comisión y Consejo) de esas dos OIs y de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, que pasaron a ser únicos y los mismos para las tres. Luego hubo que esperar hasta el Tratado de Amsterdam (1997), cuando la UE decidió que, una vez que ya se había echado la cortina al “telón de acero” (una metáfora que también nació por efecto de la 2ª Guerra) había llegado el momento de incluir a los estados europeos orientales.

En la época del Tratado de Amsterdam se empezaron a utilizar expresiones como “geometría variable” o “dos velocidades” para designar la forma en que se quería llevar a cabo la “integración diferenciada” de los aspirantes europeos (orientales) a entrar en las OIs europeas (occidentales). En realidad, tales imágenes de la separación de Europa eran una repetición del principio, pues no hay más que pensar que las propias OIs se originaron como un producto de la “fisión” bélica de Europa. En todo caso, la terminología demostraba que se quería preservar el “núcleo” primitivo de esas OIs frente a la llegada de estados diferentes.

Las metáforas de Amsterdam se acabaron materializando en el mecanismo jurídico llamado de “cooperación reforzada”, con el que la UE pretendía que sus miembros avanzasen, aunque no fuera todos a la vez, hacia nuevos territorios comunes utilizando las instituciones y procedimientos vigentes en la propia OI. El problema es que los estados no han hecho mucho caso y en la práctica la “cooperación reforzada” se ha usado hasta ahora solo en el divorcio, la propiedad matrimonial, la patente europea y el impuesto a las transacciones financieras. Posteriormente, en el Tratado de de Lisboa (2007) se creó otro nuevo ámbito para la Defensa, donde se pide a los estados el desarrollo de la contribución nacional, la participación en fuerzas multinacionales y el suministro de unidades de combate y apoyo logístico a las misiones europeas, y que según parece ahora estará integrado por Alemania, Francia, Italia y España.

El procedimiento de la “cooperación reforzada” es equiparable a querer ser mayor pero que no pasen los años, de manera que mantiene prohibidas las viejas zonas del mercado interior, los objetivos, intereses, principios y el marco institucional. Solo se puede utilizar como último recurso y debe afectar a la mayoría de los estados, pero no al acervo ni a los tratados, ni tampoco a las competencias, derechos, obligaciones e intereses de los que no participan y tiene que ser una cooperación abierta a todo el que quiera participar después en ella. Además, tampoco puede afectar a los ámbitos de competencia exclusiva de la unión aduanera, la libre competencia, el euro, la conservación de los recursos pesqueros, la política comercial y los acuerdos internacionales que afecten a competencias o normas comunes.

Como si fuera un ciclo, vemos que ahora de nuevo se produce un retorno a las metáforas relacionadas con la Física, en este caso sideral. Concretamente, Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, ha recurrido a la expresión “círculos concéntricos” para imaginar Europa no como un continente sino como un sistema planetario. Esos círculos dice que se formarán en función de las ambiciones de los estados, lo cual nos hace pensar que las fuerzas gravitacionales que le mantienen unido no están determinadas por leyes objetivas sino subjetivas.

Para Juncker hay "una órbita en la que puedan ocupar un lugar los que no quieran compartir todas las ambiciones de los demás.” E incluso ha mencionado algunos de sus elementos, no sabemos si como planetas o satélites, de ese sistema y concretamente ha dicho que “ahí veo al Reino Unido, Turquía y otros que aún no lo saben.” Es decir, uno que acaba de salirse de la órbita, otro al que no le dejan girar y unos mundos desconocidos, que pueden ser hasta extraeuropeos. En cualquier caso eso implica que habrá más socios, y, efectivamente, en su opinión así es, pues dijo que "habrá sin duda otras ampliaciones de la Unión”, aunque matizó que "no veo que ningún país vaya a estar listo antes de 2020”.

En conclusión, que las cosas no han cambiado mucho en sesenta años y volvemos a estar otra vez como al principio. El futuro de la UE pasa casi únicamente de nuevo por la parte oriental de Europa, tanto en política como en territorio, porque por el lado occidental ya apenas queda sitio y el que hay está más oscuro que un agujero negro.

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    5098 | Luis María Bianchi - 05/04/2017 @ 00:34:17 (GMT+1)
    Ado, alternándose en los sucesivos gobiernos)

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