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Vuelve el gasto

miércoles 05 de abril de 2017, 13:18h

El Gobierno ha presentado finalmente los Presupuestos Generales del Estado para el ejercicio en curso. Por descontado, las cuentas llegan tarde. Pero el retraso no se debe al gobierno, sino a la incapacidad de los grupos políticos de la Cámara Baja por llegar a un acuerdo de legislatura, o al menos para el año en curso. Ahora ese acuerdo parece haber llegado. El Grupo Popular ha obtenido el apoyo de Ciudadanos, y parece que el concurso del PNV está cerca de producirse.

Hay varios aspectos que destacar de las cuentas presentadas por Cristóbal Montoro. Una de ellas es que vuelve a crecer el gasto público, aunque de forma moderada: un 1,3 por ciento. Cree, sin embargo, que los ingresos van a aumentar por el efecto del crecimiento económico. Ese aumento de la producción, por otro lado, también incide en la reducción del déficit, que cerrará este ejercicio en el 3,1 por ciento, según lo pactado con Bruselas, si es que no vuelve a pecar de optimista. Parte del aumento del gasto no depende del Gobierno: Es un gasto comprometido, como las pensiones, que aumentan un 3,1 por ciento y suman casi 140.000 millones de euros; es el 45 por ciento del gasto.

La contención en el gasto es necesaria. Pero no es lo que necesita nuestro país. Lo que precisamos es un replanteamiento de todas las partidas de gasto, para saber cuáles suponen una mejora de la sociedad española, y cuáles no. Mariano Rajoy no ha querido realizar una reforma del gasto público en España en época de crisis, y ahora, con unos ingresos al alza y la minoría mayoritaria en el Congreso de los Diputados, no era probable que lo hiciera.

Lo que sí resulta preocupante es el aumento en el empleo público, en unas cifras que desafían el sentido común. Este año se crearán 67.000 plazas, y en el plazo de tres 250.000 puestos ocupados por interinos pasarán a ser fijos. El aumento del empleo público no tiene porqué constituir algo negativo, si luego el Ejecutivo cuenta con la libertad de reducir ese empleo en función de las necesidades de la sociedad. Pero como nuestro sistema no funciona así, el Ejecutivo corre el riesgo de aumentar los compromisos futuros del Estado, sin un beneficio claro, más allá de la adquisición, con el dinero de todos, de ciertas ventajas políticas.

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