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NOVELA

Pablo Martín Sánchez: Tuyo es el mañana

Pablo Martín Sánchez: Tuyo es el mañana

Acantilado. Barcelona, 2016.224 páginas. 18 €.

Por Francisco Estévez

Hay una revolución del estilo silenciosa, sencilla y ordenada, como pudiera ser aquella de Azorín con su célebre frase, punto, frase, punto, y sus “primores de lo vulgar” (como sintetizó Ortega y Gasset) que producían genuino temblor lírico. Conviene recordar en el 50 aniversario de la muerte del clásico que su revolución también se encuentra en la aguda estructura de sus libros. Algo similar le ocurre a Martín Sánchez, quien ama el juego complicado del más difícil todavía a nivel de estructura. Cierto es que sus querencias literarias no le acercan a Azorín, sino a un interés más de vanguardia en vecindad con OULIPO o la Patafísica, además de la transparente similitud con Raymond Queneau. El autor consiguió con su primera novela, pero segunda obra (preceden un libro de relatos), buena atención crítica y lectora. El anarquista que se llamaba como yo (2012) era texto múltiple, juguetón, donde ensayaba técnicas varias con distintos grados de acierto, algunos muy notables al insertar en la recreación histórica unos resabios folletinescos intencionales muy jugosos. Esa habilidad técnica y esos aires tan nuevos como osados son notas convertidas, ahora ya, en rasgos fundamentales del escritor catalán en esta segunda novela. La originalidad para encontrar temas propios dando una vuelta de tuerca a la moda del día como es la autoficción delata a un explorador nato, como es todo escritor que se precie.

Tuyo es el mañana narra, a través de la historia de seis personajes cualquiera (alguno incluso aparentemente anodino, como un cuadro), o acaso fuera mejor decir seis voces (la sombra larga de Pirandello) las 24 horas del 18 de marzo de 1977, día preciso en que nació el propio autor, Martín Sánchez: “Hoy vas a nacer. No deberías, pero lo vas a hacer”. Es un día concreto, en los tiempos de la Transición, pero más allá profundamente importante en cada una de esas voces por diversos motivos. A través de ellos se pondrán de relieve los viejos resortes con que operan las mezquindades que pensamos ocurren sólo hoy: el acoso escolar, las perversiones empresariales, y otras también de viejo cuño como el robo de bebés o el maltrato animal. Conviene desvelar muy poco más sobre la trabajada trama que desemboca en un abrupto clímax final donde convergen…, pues parte de la magia narrativa queda en ese desvelamiento lector que debe ser individual.

Sin embargo, no busque aquí el lector una reflexión al uso de esos momentos de la Transición o una clave de lectura política de un momento clave de la Historia de España. Aquí estamos más en contacto con el concepto de intrahistoria unamuniana, esa historia en minúscula que nos da el sabor de una época con mayor exactitud. Por ejemplo, ese galgo que vemos en desaforada carrera en la portada del libro será una de las voces más interesantes de la novela. Claro que rápido vienen a la memoria los recuerdos cervantinos a los cuales no debemos hacer caso. Éste Solitario no guarda muchas similitudes con Cipión y Berganza, sino con otro personaje de Tuyo es el mañana, como es la niña Clara y sus anhelos de libertad. Y así ocurre en buena parte del libro, los recursos, las técnicas, algunos intertextos resultarán familiares al lector, pero todo está enhebrado con aguja templada e hilo nuevo dando así un frescor inaudito a la lectura. Los guiños literarios son muchos, obvios algunos, otros no tanto, incluso acaso el propio autor desconozca alguna referencia, como aquella de un verso de Jenaro Talens (ese, “coito ergo sum” que sale como chiste elíptico).

Martín Sánchez, escritor de retos con afán juguetón, un ritmo estudiado y la gentileza de no caer en tesis, presenta una estupenda segunda novela de mayores logros que la primera en su dominio a la hora de sujetar muñeca. Como otros pocos escritores conspicuos, Pablo Martín Sánchez se dota en primer lugar de un nombre y un mundo para afrontar la escritura (así en El anarquista que se llamaba como yo) tras lo cual explora el espacio de su propio día de nacimiento con esta Tuyo es el mañana (apartamos en este breve análisis los relatos de su verdadera opera prima Fricciones (2011) donde ya se encontraba en germen su propio yo en un relato). La observación de una lengua y un estilo a través del homónimo en primera instancia y ahora el estudio temporal debieran desembocar, en buena lógica, con una atención al espacio en próximos textos. Pero los caminos del escritor son inescrutables.

En suma, ante la saturación de historia, de revisión y de autobiografía, he aquí una vigorosa, interesante y hábil via di mezzo por donde abre senda un escritor de raza al que conviene seguir muy de cerca.

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