www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ENSAYO

Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García: 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular

domingo 09 de abril de 2017, 19:28h
Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García: 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular

Espasa. Barcelona, 2017. 623 páginas. 24,90 €. Rigurosa y ponderada investigación de un episodio decisivo que precede a la Guerra Civil, momento tan trágico como devastador de nuestra historia reciente. Por Carlos Dardé

El libro, de más de quinientas páginas de texto, además de los correspondientes anexos, es la historia detallada de solo cinco meses -de enero a mayo de 1936- aunque con las necesarias referencias al pasado inmediato, desde la proclamación de la República, en abril de 1931. Los autores son reconocidos especialistas en este periodo y sus interpretaciones son fundadas y coherentes. A lo largo del texto analizan los elementos fundamentales de aquella y de toda elección: su convocatoria, la formación de las candidaturas, la campaña electoral, las votaciones, el recuento de votos, la proclamación de los diputados y, finalmente, su admisión en el Congreso de los Diputados.

A las elecciones se presentaron dos grandes bloques que trataban de aprovechar la ventaja que la ley electoral otorgaba al partido o coalición que conseguía la mayoría. Por ejemplo, en Madrid, capital, la candidatura que obtuviera más votos, aunque solo fuera por uno de diferencia, conseguía 13 diputados, y la que le siguiera en votos, cuatro diputados, quedando el resto de formaciones sin representación alguna. Tras el fracaso de crear una gran coalición republicana de centro, ideada por el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, se terminaron formando los dos bloques. Por un lado, el Frente Popular, coalición de la izquierda republicana, en la que destacaba la figura de Manuel Azaña, y el partido socialista –en el que se disputaban el liderazgo Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero- que asumió la representación de los otros “partidos obreros”, el comunista y el sindicalista. Por otro, el bloque que se llamó “contrarrevolucionario”, reunía un conjunto más difuso, “una orquesta mal avenida”: la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), dirigida por Gil Robles, junto con la derecha y el centro republicano y, en algunas provincias, el partido monárquico de José Calvo Sotelo. Al margen, por ambos extremos, quedaban anarquistas y falangistas.

La campaña electoral se llevó a cabo en un ambiente extremadamente polarizado y violento, que se saldó con 41 muertos y 80 heridos de gravedad durante las cinco semanas que duró. Por encima de todo había un tema que envenenó el ambiente: la sublevación de octubre de 1934 con la que el Partido Socialista había respondido a la entrada de la CEDA en el Gobierno, que consideraba preludio de un golpe fascista. Ahora, los socialistas -que hablaban del “glorioso octubre” y no renunciaban a la dictadura del proletariado-, anunciaban su propósito de ajustar cuentas con las fuerzas represoras de la sublevación. El calificativo de “antirrevolucionario” del bloque de la derecha y el centro no era injustificado. La votación, no obstante, el domingo 16 de febrero, se efectuó con relativa limpieza, solo empañada por la ruptura de algunas urnas y diversas coacciones. La participación fue del 71,3 por 100 del censo electoral.

Lo más novedoso del libro de Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa es el análisis de los dos hechos que siguieron inmediatamente: la dimisión del gobierno centrista de Portela Valladares sustituido por otro presidido por Manuel Azaña, del Frente Popular, tres días después de las elecciones, y el recuento de votos. Los primeros resultados desmentían la victoria de las derechas, que muchos habían previsto, y daban el triunfo a las izquierdas. Esto desató la euforia entre sus seguidores que se lanzaron a las calles, protagonizando una “impresionante oleada de violencia” que llevó a la declaración del “estado de guerra” en algunas provincias. Portela presentó su dimisión irrevocable, y Alcalá Zamora llamó a Azaña con la esperanza de que controlara la situación, lo que no ocurrió: entre el 19 de febrero y el 1 de marzo, se produjeron 129 muertos y heridos graves por enfrentamientos entre manifestantes y con la fuerza pública. Se aprobó la amnistía para los presos de octubre de 1934, y los ayuntamientos de izquierda anteriores a aquella fecha fueron repuestos en muchos lugares.

En aquel ambiente intimidatorio y coactivo se procedió al recuento de votos. Las falsificaciones de las actas fueron graves e incontables, como demuestran los autores a través de una detallada descripción que recorre toda la geografía española. La conclusión a la que llegan es que el verdadero resultado de las elecciones es “una incógnita”, dada la indudable manipulación de las actas. Lo más probable es que el resultado entre ambos bloques estuviera muy ajustado. Toda aquella actividad favorable a las izquierdas continuó en la discusión de las actas a cargo de una Comisión del Congreso, presidida por Indalecio Prieto, que aumentó todavía más la representación del Frente Popular. La conclusión a la que llegan los autores es que “algo más del 10 por 100 de los escaños de las nuevas Cortes, más de medio centenar, no fue fruto de una competencia electoral en libertad”. Sin aquel medio centenar, el Frente Popular no habría contado con la mayoría absoluta de que dispuso en las Cortes.

La investigación, realizada a lo largo de varios años, y basada en la última bibliografía y en todas las fuentes disponibles -muchas de ellas inéditas-, es exhaustiva. Sus conclusiones son matizadas y están bien fundadas. Se trata, por tanto, de un estudio riguroso, hecho por historiadores profesionales, no una proclama política que trate de justificar nada. Es evidente que al ocuparse del fraude y la violencia existente en las elecciones de 1936, Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García ponen de manifiesto los aspectos más negativos de la II República, pero se oponen explícitamente a que su trabajo sea utilizado “de forma distorsionada”, “para enzarzarse en polémicas gratuitas y puramente ideológicas” sobre “la legitimidad del Gobierno del Frente Popular o de la República como régimen”, o sobre “si lo ocurrido en aquellas elecciones justifica o no los acontecimientos posteriores de la primavera y el verano de 1936”.

De hecho, lo que cuenten es algo que figura, más o menos, en todas las historias de la II República, pero con su sólida investigación arrojan luz sobre aspectos importantes, hasta ahora poco tenidos en cuenta, que contribuyen a mejorar nuestro conocimiento de la realidad de la última experiencia republicana en España.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (9)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.