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TRIBUNA

El día después del brexit

martes 11 de abril de 2017, 15:08h

El Gobierno británico acaba de publicar una “Guía para los Negocios” con la quiere dar continuidad y certeza legal a todos aquellos que puedan resultar afectados por la salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE), ahora que se inicia un proceso de negociaciones que está previsto que dure dos años. El Brexit, ciertamente, es un acontecimiento excepcional que se ha convertido en motivo de preocupación general, y que representa una crisis tan grave para la UE que, haciendo un símil, se podría incluso comparar con la amenaza de una bomba atómica por los efectos económicos y sociales que puede tener.

En 1945, dos meses después del bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki, George Orwell escribió un artículo llamado “ You and the atomic bomb”, donde utilizó por primera vez ese término que luego tuvo tanto éxito de “guerra fría”. Orwell dice que la principal cuestión en esto del armamento es lo que cuesta hacerlo y formula una regla general: las épocas en las que el arma dominante es cara o difícil de hacer tienden a ser épocas de despotismo, y al revés: cuando son baratas hay democracia.

Como el mundo actualmente vuelve a estar en una situación muy parecida a aquella, los lectores nos permitirán que continuemos con el razonamiento. Supone Orwell que las superpotencias, o sea los que pueden fabricar la Bomba, tienen un acuerdo tácito para no tirársela unos a otros y tirársela (o amenazar con que se la tiran) solo a quienes no pueden defenderse. Si la Bomba es tan cara y tan difícil de hacer como dicen, pues hacen falta científicos, materiales raros e industria muy pesada para hacerlas bien grandes, entonces la solución para que no haya guerra, no es otra que prolongar indefinidamente un estado de “paz que no es paz”, dice Orwell. Y eso es para preocuparse más.

Tras la 2ª Guerra Mundial, ese estado dio lugar a la doctrina de estrategia militar llamada “Mutual Assured Destruction o sea MAD (demencial). Y si estamos de acuerdo que la situación de hoy en día no es sustancialmente diferente de la que había entonces, no tendremos más remedio que pensar que es que debemos estar otra vez MAD. Esta teoría, concretamente, sostiene que tras armarse hasta los dientes para una guerra, nadie está lo suficientemente trastornado como para provocar su propia destrucción, de manera que si el otro ha hecho lo mismo, el resultado es de empate; es decir, una paz con tensión. Lo que viene a ser también lo mismo que decía Orwell.

Según la Guía Brexit para los Negocios, que se supone que el Gobierno británico ha sacado para que no cunda el pánico, en el RU se van a aplicar las mismas leyes antes y después de la salida de la UE, porque las leyes británicas que las sustituirán entrarán en vigor el día mismo de la salida, ni un minuto antes. El Gobierno no quiere que haya un vacío legal, pero un vacío legal no es un agujero atómico que se vaya a tragar las islas británicas.

El Gobierno aclara (de forma innecesaria, lo que puede causar una preocupación igualmente innecesaria) que en un estado de derecho no solo pinta el Gobierno sino que hay otros poderes. De tal modo, nos dice que en el Brexit van a intervenir también los siguientes órganos que intervienen normalmente: el Parlamento británico, los parlamentos nacionales (Escocia, Gales e Irlanda del Norte) que pueden hacer modificaciones legales para reflejar aspectos de política doméstica o internacional, y el Tribunal Supremo, cuya jurisprudencia tendrá el mismo rango que tenía la europea.

Nos hacemos cargo que el Gobierno no es responsable de lo que puedan hacer ni de por donde vayan a salir cada uno de esos órganos del estado de derecho. Faltaría más. Si en la capacidad del Gobierno está, siguiendo el procedimiento parlamentario, empezar a sacar legislación secundaria en caso que las leyes no funcionan adecuadamente el día después, será normal que lo haga. Pero es normal también que, aclarando lo innecesario la seguridad y la confianza se resientan por el mismo motivo.

Al Gobierno parece preocuparle en exceso el vacío y quiere que quede claro que no le va a haber. No obstante, el verdadero peligro no parece que pueda estar tanto en la mecánica del estado de derecho como en que la situación general de las negociaciones con la UE se acabe transformando en “una paz que no es paz”, si aceptamos transponer al mundo actual la autoridad de Orwell en cosas del futuro, de modo que nos acabemos instalando en un estado de excepción permanente donde lo normal deje de ser normal.

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