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DESDE ULTRAMAR

Centenarios de Leonora Carrington y Juan Rulfo

jueves 13 de abril de 2017, 17:53h

2017 guisa en su perola muchos aniversarios redondos en diversas disciplinas. Dos de ellos alusivos a personajes con una cercanía en el tiempo tal, que merecen juntarse al referirlos: el centenario de la artista plástica británica Leonora Carrington (6 de abril) y el correspondiente al escritor mexicano Juan Rulfo (16 de mayo). Ambos, iconos en sus respectivos ámbitos.

La multifacética Carrington me puede fascinar. Con ese don diría yo que místico, esa maestría en el trazo y en la composición y por su retadora propuesta; hierática, huraña como la recuerdo en sus últimos años, de la británica acaso me atrae su inscripción al Surrealismo, siendo parte de aquella corriente y por su capacidad para siempre reinventarse me inspira, me agrada. Su obra me deja más preguntas que respuestas. Y celebro que al ver una obra de ella, pueda detectar su autoría. Es que es inconfundible.

Sabido es que una vez que dejó su patria se asentó en México y aquí dejó su obra. Loable acción cuán contrastante con la de García Márquez, porque el nobel colombiano que escribió “Cien años de Soledad” en México y se avecindó en este suelo, al final testó que su legado y sus cenizas pasaran a Colombia. Lástima. Habría sido México un espléndido receptáculo de aquellas. La Carrington fue más generosa, después de todo. Y nos quedaremos con su obra para disfrutarla aquí, colocándose así en la misma tesitura que la pintora española del exilio, Remedios Varo, que dejó su extensa creación a México. Enhorabuena por ambas.

Si es verdad que a la Carrington no le entusiasmaba del todo su país de origen, no lo sabremos a ciencia cierta. No obstante, Carrington es muy interesante. Siempre nos sorprende, siempre nos provoca. Jamás nos puede dejar indiferentes. Su sentido plástico y su idea del universo perfectamente plasmados en sus esculturas y bosquejos, siempre son fascinantes. Las actividades programadas para conmemorar su centenario están a la altura de su persona.

Juan Rulfo evoca el límite del arte cuando el artista cesa su producción, sabedor de que amerita no retar a las musas y no continuar para no constatar su sospecha y frustrarse al no verse superado a sí mismo. Eso fue Rulfo. No le conozco una sola foto en que no aparezca de corbata. Siempre adusto. Ello me habla antes que nada de su disciplina, lo que me conduce a pensar que no renunció a seguir escribiendo por cobardía ni por carencia de tema o de talento, sino por una entrega sabida al esfuerzo y por ser conocedor de sus propios límites. ¡Enorme, Rulfo!

No merece detenerse demasiado haciendo un ovillo reflexionando sobre el proceder de Rulfo y de su actitud hacia una profesión, hacia un oficio que sin requerir límite alguno, puede no ser parvo, pero que en el caso de Juan Rulfo se echa de menos, sí, que sea tan escasa su producción literaria. Mas fue suficiente para tenerlo en alta estima. Acaso sea ese su mayor mérito. Aun así algo me intriga que las cosas hayan sido de esa manera, pero es digno de reconocerse.

Del jaliciense solo he leído “Pedro Páramo”. No tendría yo ni 18 años cuando debí leer a Rulfo por encargo de mi profesora de literatura. Se lo agradezco. Una pluma ágil siempre es grata y más en esa inagotable veta de simbolismos que es la obra referida. No soy de quienes desentrañan sesudos mensajes alborotando la sesera ni de libros ni en películas, limitándome solo a leerlos y a disfrutarlas, pero no niego que era inevitable toparse con ellos al leer “Pedro Páramo”, con un recargado simbolismo que después de todo, me pareció algo llevadero solo después de oír las explicaciones de mí maestra.Pedro Páramo” es para mí una suerte de lección de vida. Es “Pedro Páramo” una suerte de clamor en la vastedad que lo consume, una búsqueda eternizada con respuestas débiles que ejercitan nuestra ansiedad; un ir y venir en su lectura, un jugueteo aprehensivo.

Ambos personajes, Carrington y Rulfo, significan un sumar al patrimonio de México y un celebrar su aporte universal. Enhorabuena por la dicha de disfrutar de su arte y de poderlo difundir.

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