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POCO A POCO

Nos toman por tontos... porque lo somos

lunes 24 de abril de 2017, 13:57h

Tenemos el país que nos merecemos, en el peor de los sentidos. Lo de la semana pasada con la operación 'Lezo', la detención del expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González y la enésima trama de corruptelas y mangancias ha acabado por indignarme tras ver cómo muchos se resignaban y otros tantos le quitaban hierro al asunto.

Durante el último lustro, la Justicia española se ha puesto las pilas en esto de cerrarles el chiringuito a ladrones y canallas para poner un poco de orden en este despropósito en el que se había convertido España. El que robaba lo hacía a manos llenas y el que no lo hacía, ya fuera por honestidad o por torpeza, era más tonto que una piedra.

En el caso del Partido Popular, formación gobernante, la cosa es escandalosa. Sí, en otros partidos también, pero centrémonos en uno para abordar luego a los demás, que estoy muy asqueado de la cantinela de "pues el PSOE esto, pues CiU aquello". Mal de muchos consuelo de tontos me enseñaron a mi.

Veamos, el PP se ha encontrado con que tres de sus bastiones, la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana y la Región de Murcia, eran poco más o menos que la cueva de Alibaba y ahora todo el mundo se echa las manos a la cabeza haciéndose ver como víctimas de sus propios colegas cuando aquella peste se olía desde Narnia.

Si nos centramos en la capital, la máxima responsable del asunto es, sin lugar a dudas y le pese a ella o a quien sea, Esperanza Aguirre, presidenta del PP madrileño hasta este lunes. A pesar de sus lágrimas dramáticas de la semana pasada, Aguirre tiene dos papeles que asumir teniendo en cuenta que todo el mundo a su alrededor venía metiendo la mano en la caja: si lo sabía o lo intuía, aunque fuera mínimamente, estamos hablando de un caso de colaboración activa o pasiva en una trama corrupta; por otro lado, como todo parece apuntar mientras no se demuestre lo contrario, si no lo sabía y no "vigilaba", como ha señalado hoy en su renuncia, es tan flagrante su ineptitud al mando que es para echarse a llorar de los políticos que tenemos. Ninguna de las dos vías le deja bien parada, pero es que no hay más. Málaga o malagón.

Lo mismo se puede interpretar de Mariano Rajoy. Como máximo responsable del PP entonces y ahora puede y debe decantarse por una de las dos opciones. Hasta el momento, no tengo la menor duda de que el presidente del Gobierno no ha cobrado, ganado o desviado ni un euro de más de los que le correspondían como líder de su partido o jefe del Ejecutivo. Sin embargo, el hecho de haber estado al frente de semejante cuadrilla le señala.

Y le señala como culpable, pero culpable político, que no penal. No es lo mismo, pero acarrea también el agravio y la vergüenza para él y para todos nosotros. Lo que pasa es que ahí entramos en el terreno cenagoso que dice que si Rajoy dimite España se sume en el caos. ¿No debería preocuparnos que nuestro país dependa, supuestamente, de un solo hombre? ¿Acaso el PP no tiene un plan B, suficiente savia nueva para lavarse la cara? ¿Es posible que España hipoteque todo su futuro a una figura exclusivamente como si ésta fuera obra de alquimia?

En cualquier país del primer mundo, porque nosotros estamos en el segundo, no nos engañemos, el sinfín de casos de corrupción en los que se ha visto inmerso el partido gobernante habría traído como consecuencia la dimisión inmisericorde de su máximo responsable. Aquí no y así de cuadrados los tenemos.

Mientras tanto, pasan los días, los meses y los años y mitad por hastío y saturación, mitad por desinterés puro y duro, los españoles vemos pasar las portadas que denuncian estas canalladas sin pena ni gloria. Nos hemos resignado a lo peor que ofrece nuestro país como si estuviéramos condenados a lucir esa mancha que es la picaresca patria por los siglos de los siglos. Si eso pasa es porque tenemos lo que nos merecemos... y nos merecemos que nos tomen por tontos, porque lo somos.

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