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Crónica salvaje: el gusano que come plástico y ayuda a descontaminar

Crónica salvaje: el gusano que come plástico y ayuda a descontaminar
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EL IMPARCIAL
martes 25 de abril de 2017, 14:27h
Un hallazgo casual puede ser la clave para atacar un problema mundial.

Cada año se producen en el mundo 80 millones de toneladas de polietileno, un tipo de plástico presente en las bolsas de la compra o en los envases alimenticios que tarda de media unos 100 años en degradarse. Es decir, su impacto medioambiental es tremendo, por lo que los investigadores se han puesto manos a la obra para intentar buscar una solución a este problema que año tras año degrada los ecosistemas.

Las pesquisas han dado con un pequeño aliado, el gusano de la cera, que cuenta con una enzima en su sistema digestivo que logra descomponer el polietileno. De este modo, los científicos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), liderados por la investigadora Federica Bertocchini, están intentanto aislar esta enzima para producirla a gran escala y combatir al plástico en grandes cantidades.

En la actualidad, los procesos de degradación química son muy largos y pueden prolongarse varios meses, además de que para ello se necesita utilizar líquidos corrosivos como el ácido nítrico. Es la primera vez que un equipo de investigación encuentra algo en la naturaleza capaz de degradar este material. “El plástico es un problema mundial.

“Hemos realizado muchos experimentos para comprobar la eficacia de estos gusanos biodegradando el polietileno. 100 gusanos de la cera son capaces de biodegradar 92 miligramos de polietileno en 12 horas, es realmente muy rápido”, destaca Bertocchini.

Tras dejar la fase de larva, el gusano se envuelve en un capullo o crisálida, de color blanquecino. Los investigadores han descubierto además que el contacto del capullo con el polietileno es suficiente para que este plástico se biodegrade.

La investigadora, una apicultora aficionada, descubrió esta cualidad de los gusanos de la cera por casualidad. La investigadora del CSIC descubrió un día que los panales almacenados en su casa estaban llenos de gusanos, que habían empezado a alimentarse de los restos de miel y cera de sus abejas.

“Decidí retirar los gusanos y dejarlos en una bolsa de plástico mientras limpiaba los panales. Tras tenerlo todo listo, volví a la habitación donde estaban los gusanos y vi que estaban por todas partes, que se habían escapado de la bolsa a pesar de seguir cerrada. Así comprobé que la bolsa estaba llena de agujeros. Solo había una explicación: los gusanos habían hecho los agujeros y se habían escapado por ahí. En ese momento empezó este proyecto”, relata la científica del CSIC.

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