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“Allegro ma non troppo”

domingo 29 de junio de 2008, 18:37h
Algunos doctos ceños se fruncieron cuando, con ocasión del final de curso de la Fundación Ortega y Gasset, vieron que en la recepción al aire libre se habían instalado dos grandes pantallas de televisión que retransmitían en directo el partido entre España y Rusia. Aunque los protagonistas de la velada siguieron siendo los alumnos y estudiantes que habían compartido el curso académico, la presencia de los dos monitores, que revelaban una cierta concesión a la cultura de masas, no dejó de suscitar alguna exclamación por parte de los puristas: “¡Si Don José levantara la cabeza!”

Lo cierto es que Don José en ningún momento se declaró enemigo de la práctica del fútbol (que empezó escribiendo a la inglesa -“foot-ball”- para luego adoptar su versión españolizada), aunque en distintas ocasiones criticó sus excesos: “Está bien alguna dosis de fútbol. Pero ya tanto es intolerable. Y lo mismo digo de los demás deportes físicos. ("Reves de almanaque", 1930, Oc, II, p. 817). Como mente profundamente moderna, siempre abierta a la innovación, dudo que Don José hubiese criticado el gesto de “aggiornamiento” que supone para la Fundación que lleva su nombre el haber proyectado durante un acto social un partido de fútbol.

No en vano Don José planteaba la investigación en equipo, la inteligencia en movimiento, la aventura de pensar, como un drama susceptible de ser llevado a la escena; y al hablar de esta aventura intelectual, recurrió de nuevo a la metáfora del fútbol: “¿Por qué no hacer de ello, para un círculo no muy numeroso de oyentes, espectáculo que compense un poco el multitudinario de los partidos de fútbol?” ("Instituto de Humanidades", 1948, Oc, VI, pp. 542-543). A lo largo y a lo ancho de los escritos de Don José, encontramos numerosísimas referencias al deporte, al que quiere diferenciar claramente del juego: “El deporte empieza donde comienza el esfuerzo que es precisamente lo que el juego no tolera. El alpinismo y la caza, el fútbol y la regata son faenas tan duras que si se ejecutaran en virtud de un jornal no habría con qué pagarlas.” ("Maurio Barrés", 1923, Oc, V, p. 157).

En esta última apreciación, el filósofo no alcanzó a vislumbrar la revolución del fútbol comercial, ni pudo lógicamente adivinar que las cifras que llegarían a pagarse a los futbolistas superarían los emolumentos del banquero, el empresario o el artista…por no hablar de los intelectuales, relegados en nuestros tiempos a uno de los escalones más bajos de la nómina social. A la vista de estos acontecimientos difícilmente podría escribir hoy Don José: “La verdad no es, en verdad, más que un deporte y, por lo mismo, conviene cultivarla con la moral y la disciplina más rigorosas, que son las usadas en los juegos. Acaece el deshonor de que los intelectuales tienen ahora que reaprender la ética de los futbolistas.” ("El deber de la nueva generación argentina", 1924, Oc, III, p. 665).

Volviendo al partido España-Rusia, creo que lo que podría preocupar a los discípulos de Ortega no es tanto el que durante un acto académico haya podido retransmitirse un partido de fútbol, sino que, extramuros del jardín romántico de la Fundación, la ciudad de Madrid se haya paralizado o colapsado varias horas por un espectáculo de masas –esta vez en el más puro sentido orteguiano-. Y el que se pretenda que un triunfo deportivo pueda convertirse en un acto de una trascendencia social que evidentemente no tiene.

El espectáculo de un grupo de atletas españoles que domina y vence limpiamente a un equipo rival de reconocido prestigio puede y debe ser un motivo de admiración y de regocijo para todos los aficionados a ese deporte, e incluso para los que no somos fanáticos seguidores de tal espectáculo. Pero nunca debería servir de pretexto para el desenfreno y la barbarie que suelen acompañar a una victoria –semejante a la que en otras ocasiones ha provocado tumultos y estropicios en el Madrid monumental, para ser más concretos, en la castiza Plaza de la Cibeles, cuya efigie neoclásica ha sido más de una vez profanada, avasallada y mutilada.

Y más imperdonable aún me parece que desde diversos sectores políticos y sociales se pretenda aprovechar “pro domo” lo que en definitiva es un triunfo lúdico –no olvidemos el significado del “panem et cirecenses”- en unas circunstancias en que otros aspectos mucho más importantes del entramado económico y social atraviesan momentos poco pletóricos. La euforia a nivel nacional que es lógico que acompañe a un triunfo de esta naturaleza no debería distraer la atención pública de asuntos mucho más acuciantes que recogen los periódicos en el mismo día en que sale la noticia del triunfo futbolístico, pero con menor énfasis. Los avatares de un referendum separatista en el país vasco, los problemas que atraviesa el idioma común de los españoles y de cientos de millones de americanos en algunas zonas del territorio español, la recesión en sectores clave de la economía. De ahí que ante los titulares explosivos y los artículos delirantes que se publican celebrando la merecida y espectacular victoria de la selección española en Austria cabría tímidamente apuntar “Allegro, ma non troppo”.

Pero volviendo a Don José Ortega y Gasset:

Pues bien, si desde Marte con más perspicaces instrumentos han mirado a la tierra estos años, habrán visto sorprendidos que este viejo globo que parecía ya por siempre condenado a sólo recordar y a la melancolía del romanticismo se cubría también velocísimamente de una nueva alegría como primigenia; le habrán visto, en efecto, cubrirse de campos de foot-ball y a una humanidad renaciente y pueril ponerse a jugar sobre su costra antigua (…) Las estadísticas de campos de juegos y sociedades atléticas completarían su proyección cuantitativa. Pocas veces gozan de esta clara traducción numérica los grandes hechos sociales.” (Meditación de nuestro tiempo. Introducción al presente, 1928. 2ª lección en Buenos Aires.)”

(Agradezco a los archivos de la F.O.G. su diligente colaboración en la recuperación de las citas).
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