www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

POESÍA

Li Bai: Manantial de vino. Poemas escogidos

domingo 07 de mayo de 2017, 19:05h
Li Bai: Manantial de vino. Poemas escogidos

Edición bilingüe de Guillermo Dañino. Hiperión. Madrid, 2016. 408 págs. 20 €.

Por Inmaculada Lergo Martín

Si de un poeta se nos dice que “ha sido y sigue siendo el poeta más leído de la historia del mundo”, y aún no lo conocemos, parece, si no obligado, sí tentador sumarse a ese cómputo. Hablo del poeta chino Li Bai (701-762) -o Li Po, según la nominación más antigua y quizá más conocida-, perteneciente al periodo de la dinastía Tang -Edad de Oro de la literatura china-, y que llegó a convertirse en “símbolo incluso de la poesía misma”. Aunque su obra ha sido publicada ya anteriormente en español, ahora podemos acercarnos a ella a través de esta antología -completa alcanza 1.236 poemas- bilingüe (en caracteres chinos modernos y con la lectura en pinyin al pie) que bajo el igualmente tentador título, Manantial de vino, ha publicado la editorial Hiperión, la cual, como he comentado en otras ocasiones, ha sido la principal impulsora de la poesía oriental en español, tanto china como japonesa. En el caso concreto de este poeta, para Europa fue Ezra Pound su primer traductor -aunque de manera muy libre-, utilizando unas traducciones al japonés que fueron las primeras en divulgarse. La edición cuenta con una introducción de Guillermo Dañino -responsable de esta edición- que, junto a una cronología, bibliografía y notas finales a los poemas, permiten, a quien lo desee, enmarcar al autor y enriquecer la lectura de los poemas.

Li Bai tuvo una vida azarosa, que advertimos al paso en sus textos: la fuerza de la juventud, el amor y el desengaño, el exilio, la guerra, el deseo de retiro interior, la vejez… hasta la inminencia del final del camino: “Pronto será el día en que, desplegando velas de nubes, / ingresaré, feliz del todo, en el intenso azul del mar”; versos que son también el final del libro. Es un viaje cargado de humanidad en el sentido más vital de la palabra, que se abre con un canto al vino y a la amistad, temas recurrentes junto a la presencia de la naturaleza, cargada siempre de un intenso lirismo, de esa mezcla de delicadeza y fuerza, nitidez y sugerencia, propias de la poesía y el arte orientales: “Ruge el espíritu del río, parte en dos las montañas, / se levantan olas gigantes precipitándose al Mar del Este. / Los tres picos retroceden, a punto de desmoronarse, / paredes de esmeralda, valles de cinabrio, se abre la palma de la mano”. Entre los episodios que marcaron su vida, estuvo el acceso a un puesto en la corte de Chang’an, que pronto abandonó dejando reflejado en sus poemas una reflexión sobre el “desprecio de Corte” que nos remite a Fray Luis de León y los clásicos: “No soporto la vida cortesana. La envidia mata a los hombres”; “Te envidio, caballero, pues lejos del bullicio / tu cabeza reposa en la niebla esmeralda”. Pero es sobre todo ese abanico de contrarios, de luces y de sombras, que conforman toda existencia, el que recorre su obra: la alegría (“Escucho a las muchachas que cosechan castañas de agua / y vuelven inundando con su canto el camino y la noche”) y la tristeza; la plenitud (“Una bandada de pájaros cruzó muy alto. / Una nube solitaria pasó sin prisa. // Nos miramos sin cansarnos / yo y la solitaria montaña”) y el silencio (“Ni me atrevo a levantar la voz / no sea que importune a los inmortales”) o la soledad (“Indiscreta, baja la luna y atisba curiosa mi vela mortecina; / caen flores en mi alcoba y burlonas sonríen ante mi lecho vacío”). En definitiva, lo que es la vida, a la que Li Bai amó por encima de todo: “Si amas la vida, disfrútala cuanto puedas, / ¡no abandones tu copa ociosa a la luz de la luna!”.

El conjunto, según se ha dicho y reza el mismo título, conforma un canto al vino y a la embriaguez, que le proporciona inspiración, amistad, felicidad: “Conversación gozosa en apacible retiro, / nos servimos vino y elevamos las copas. / Cantamos con calma ‘El viento entre los pinos’; / al terminar, las estrellas ya se han esfumado. / Yo que estoy ebrio y tú que te sientes feliz, / ¡olvidemos gozosos las intrigas del mundo!”. Li Bai fue uno de los tres fundadores de los “Ocho inmortales del vino”, que han pasado a ser leyenda. “Con tres copas comprendo la Vía Suprema, / con una jarra me integro al universo. // El gozo que disfrutas en la embriaguez / no lo compartas con quien no ha bebido”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+

0 comentarios