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POCO A POCO

Francia, guillotinada

domingo 07 de mayo de 2017, 21:17h

Todos respiramos tranquilos. Aunque la victoria de Emmanuel Macron fuera casi segura, los pasados derrapes de las encuestas previas con Donald Trump y con el brexit nos han hecho estar a todos con la mosca detrás de la oreja, y es que la aorta de más de uno dimitía si hubiese ganado Marine Le Pen. Esta vez no ha sido así para alivio de propios y extraños.

Sin embargo, pasada la euforia del match ball, es de recibo hacer un análisis algo más profundo de lo que subyace en esta segunda vuelta gala, que no es otra cosa que el caos de facto en el que se instala el país vecino. La crisis de identidad nacional en la que ha sumido al país el mal hacer de François Hollande al frente de El Elíseo estos últimos años, incluida la aprobación el año pasado de una reforma laboral en contra de sus propios principios, y la inoperancia de los partidos tradicionales, tanto conservadores como socialistas, con discursos añejos y que no convencen a nadie por su falta de fundamento y recorrido, han acabado por hacer perder la fe al electorado francés.

Nuestros vecinos han confiado su futuro a un nuevo presidente, Macron, al que le pongo en duda por el momento su falta de mano izquierda y tablas para lidiar con la que se le viene encima. Es verdad que con él trae ciertos aires de nouvelle politique, y eso que formó parte del Ejecutivo de Hollande, el presidente con peor aceptación de toda la V República, copando discretamente la cartera de Economía, pero cabe preguntarse si ha salido victorioso por personalizar la vía fresca y reformista o, por el contrario, por ser la opción menos mala de entre las que tenían que elegir los franceses, a saber, una ultraderechista con aires proféticos, un conservador acosado por la Justicia, un socialista presa de su propia ideología muerta y un radical antisistema.

En caso de ser lo primero, tiene margen de mejora y cumplimiento, pues hereda un país desnortado en lo político y plano en cuanto al orgullo nacional. Muchas vías de agua tiene que tapar Macron y algunas apremian tanto que ni los cien días de rigor le van a dar respiro.

De ser lo segundo, y mucho me temo que es así y ojo lo preocupante, debemos quedarnos que en la segunda vuelta celebrada este domingo algo más de un tercio del electorado francés considera a Marine Le Pen el salvavidas adecuado para sacar al país del atolladero. Es decir, 1 de cada 3 franceses en edad para ejercer su derecho a voto, lo que se traduce en 11 millones de personas, se ponen en manos de los ultras, de los defensores de la islamofobia, del odio al inmigrante y de la ruptura democrática.

Una vez el centrismo se ha hecho con El Elíseo guillotinando de nuevo la alternancia entre conservadores y progresistas, una ruptura que aún no ha llegado a nuestro país, hay que desearle toda la suerte del mundo a Macron, pues de fracasar en su intento de reflotar el país a nuestros vecinos durante la próxima legislatura ya sólo les quedará una opción por probar: la ultraderecha del Frente Nacional. Quizás entonces ni el sistema de doble vuelta nos salve a todos.

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