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A PESAR DE LA COACCIÓN, PUIGDEMONT SOLO RECOGE 400.000 FIRMAS PARA EL REFERÉNDUM

martes 09 de mayo de 2017, 10:16h
A pesar de la frenética campaña de la televisión autonómica, a pesar de todo tipo de coacciones ...

A pesar de la frenética campaña de la televisión autonómica, a pesar de todo tipo de coacciones a los funcionarios, a pesar del carísimo despliegue publicitario y político, Carlos Puigdemont solo ha recogido, conforme a la información del diario digital La voz libre, 400.000 firmas en favor el referéndum secesionista.

Si la diada en el año 2012 congregó a 600.000 personas, más de 2.000.000 según la Generalidad, en 2016 se quedó en 370.000. Los catalanes empiezan a estar hartos de la obsesión por el soberanismo de algunos de sus dirigentes. Se han dado cuenta, además, del propósito que tienen de eludir la Justicia española, que les ha cercado por corrupción y prevaricación. Saben también que la Constitución de 1978, aprobada por una abrumadora mayoría de catalanes, impide el referéndum tal y como está planteado. Y no quieren violentar la ley. En su artículo 168, la Carta Magna española permite la maniobra secesionista actual siempre y cuando se ciña a lo que exige ese artículo: dos tercios del Congreso y el Senado, a continuación elecciones generales, después dos tercios del nuevo Congreso y el nuevo Senado, y si la propuesta secesionista quedara aprobada, entonces se convocaría referéndum para que todos los españoles libres e iguales ante la ley, y entre ellos los catalanes, tomaran la decisión final.

Habrá que recordar que el lendakari Ibarreche actuó conforme a la ley y a la Constitución. Presentó su plan ante el Congreso de los Diputados y tras el rechazo parlamentario recogió velas y no se dedicó a desafiar ni a la ley ni al Estado ni al pueblo.

No parece que Carlos Puigdemont, que es un político de tercera división, renuncie a la utopía que tanto daño está haciendo a Cataluña y al resto de España. Se está perdiendo tiempo y dinero, en fin, en la aventura secesionista cuando existen graves problemas a resolver que requieren toda la atención de los gobernantes, dispersados y distraídos hoy en aventuras secesionistas.