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TRIBUNA

El Brexit y el Gran Gatsby

martes 09 de mayo de 2017, 18:01h

El Consejo Europeo (CE) ha adoptado unas orientaciones definitivas para las negociaciones del Brexit que contradicen la flexibilidad que la Unión Europea (UE) había mantenido desde sus orígenes como organización internacional (OI). Ahora, cuando se trata de aplicar el procedimiento para la retirada de uno de sus miembros, la UE se enfrenta con su pasado y nos muestra su perfil menos atractivo.

La reacción de los estados miembros ante el Brexit, expresada por medio de las orientaciones del CE, resulta tan poco natural y tan rígida que duele la cara solo de pensarlo. No puede explicarse exclusivamente en términos jurídicos, porque se quedan cortos. Y, cuando, por otra parte, el Tratado de la UE no ha hecho más que recoger algo que ya estaba previsto en aquella Constitución Europea que nos íbamos a dar y de la que hubo que desistir a mitad del proceso de ratificación. Ahora, la dura reacción institucional de los estados de la UE solo se puede interpretar en términos biográficos estrictos.

La Comunidad Económica Europea (CEE), que se creó tras la II Guerra Mundial, sigue estando presente jurídicamente dentro de la UE. Fue fundada por estados nacionales constitucionales, pero se dotó de una estructura organizativa distinta de la que tenían sus componentes. El equilibrio de poderes se buscó a través del reparto de competencias, como si la OI quisiera llegar a ser los Estados Unidos de Europa; pero, como Jay Gatsby, solo era un pretender. El estado de derecho, tal y como existía ya con los estados nacionales, quedó bastante descolorido con ese experimento de OI.

Correr cada vez más deprisa para alcanzar un objetivo es una ilusión que nos hacemos, pero resulta una herramienta ineficaz cuando se trata de enfrentarnos con el pasado. La velocidad produce una vorágine que nos descompone y hace que nos parezca que vamos a algún lado, pero la realidad es que no podemos alejarnos del pasado, sencillamente porque lo llevamos encima. Como Gatsby, la UE solo sabe ir hacia adelante, a costa de lo que sea, para conseguir su objetivo. Solo que ese objetivo, o ese sueño americano que representaba Gatsby, resultó ser inalcanzable. Esa es su tragedia. Y ahora volvemos a ver, otra vez, como un proyecto se empieza a hacer pedazos cuando se ve sometido a fuerzas anteriores que le superan.

La CEE, con esa mecánica donde las agujas solo giran en una dirección, ha llegado a ser la UE y ya tiene hasta un procedimiento co-legislativo formado por el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE (es decir por los ejecutivos nacionales) y que, aunque nos hayamos acostumbrado, tiene muy poca estética. Pero, además, es que a este nuevo poder bicéfalo se le ha añadido otro órgano con un nombre casi igual (el Consejo Europeo), pero político, no legislativo, y que está también formado por los gobiernos nacionales. El resultado es que Europa, con tanto postizo, ha perdido su atractivo original y ya no anima a nadie a que se arremangue y vaya a raptarla montada en un toro.

Jay Gatsby se rodeó de oropel para conquistar a Daisy Buchanan. La UE se ha rodeado de bisutería normativa. En la UE desde el principio se ha evitado hablar de leyes, y en vez de ellas se crearon las directivas, los reglamentos y las decisiones, que no son leyes, pero que pretenden serlo. Ahora, además, hay orientaciones provisionales y orientaciones definitivas, que aunque no son actos jurídicos, tienen como finalidad que las adopte un órgano que sí es jurídico. Total, que esto es un cock-tail que no se mezcla ni revolviendo los ingredientes con un destornillador.

Además, ahora, la presencia de los estados miembros en las orientaciones definitivas se ha hecho notar de manera conspicua en algunas partes del texto que no estaban incluidas en las provisionales, como por ejemplo el párrafo que dice que “La Unión mantendrá su autonomía en cuanto a su proceso de toma de decisiones.” Si el CE cree necesario en estos momentos aclarar eso, nos está diciendo que no habrá soluciones a la carta para el Brexit, que no habrá ni salida pactada, ni normas innovadoras, ni excepciones.

Las orientaciones para el Brexit son duras como las piedras. Pero no duras como una ley escrita en piedra, sino como una losa histórica. Son un lastre muy grande para que la UE pueda seguir con el mismo rumbo que le había permitido navegar, como fuera, con las velocidades, por dentro y por fuera o innovando. En la UE ya no habrá otra Groenlandia, ni un traje a la medida, ni círculos concéntricos, ni más metáforas. Todo eso se ha quedado atrás, “en la vasta oscuridad más allá de la ciudad, donde los campos oscuros de la república se extienden bajo la noche.”

Al principio, como Gatsby, creíamos en un futuro “orgiástico” que ahora se desvanece, “pero no importa, mañana correremos más rápido, estiraremos los brazos más lejos… Y así, como barcos contra la corriente, volvemos indefectiblemente al pasado.”

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