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LAS SIEMBRAS DE CAÍN

sábado 13 de mayo de 2017, 17:48h
Charles De Gaulle, al promover la Constitución de la V República francesa tras...

Este artículo de Luis María Anson, publicado en El Mundo, ha tenido amplia repercusión en las redes sociales. Lo reproducimos a continuación.

Charles De Gaulle, al promover la Constitución de la V República francesa tras el fracaso de la IV, decidió establecer la doble vuelta en la ley electoral. Le preocupaba entonces que en el batiburrillo de los partidos se alzara el comunista con el Gobierno y liquidara el régimen democrático. El ejemplo de Italia alarmaba. Se tuvo que llegar allí al pentapartido para impedir la victoria del Partido Comunista. Lo que De Gaulle pretendía con su reforma era organizar la moderación y que, frente al extremismo de la izquierda marxista, los partidos moderados votaran en segunda vuelta a un mismo candidato.

La previsión del autor de L’Appel resultó especialmente útil cuando Le Pen se convirtió en la segunda opción en Francia. Era otro extremismo, el de derechas, tan rechazable como el de izquierdas. Pretendía liquidar el sistema democrático francés. En la segunda vuelta, Chirac almacenó el voto de los partidos moderados y aplastó a Le Pen con un porcentaje de 8 a 2. El alzamiento de la hija del fundador del Frente Nacional ha sido contenido gracias a la ley electoral a doble vuelta que estableció De Gaulle. Aunque no con la contundencia de hace veintidós años, los partidos moderados han apoyado a Emmanuel Macron para evitar que Marine Le Pen, exultante en su populismo de extrema derecha, pudiera presidir la V República y a continuación descuartizarla. El nuevo presidente acusó a su rival en el debate televisivo de esparcir en Francia las siembras de Caín, atizando el odio entre hermanos.

Hoy, los europeos respiran tranquilos, a pesar de que Marine Le Pen se ha librado del ridículo que zarandeó a su padre y permanece viva, apoyada por 11.000.000 de franceses que rechazan la inmigración y están asqueados por la corrupción y las prevaricaciones de los partidos tradicionales, dedicados a su propio beneficio antes que al interés general.

Tras la dictadura de Franco, España quedó vacunada de extrema derecha. Blas Piñar fue solo una anécdota. En cambio, ha surgido fuera de la Constitución un partido de extrema izquierda, marxista leninista, que encarna el populismo alimentado en el banquete de las corrupciones y la ineficacia de los partidos constitucionalistas, entregados al cinismo y al despilfarro. Conviene subrayar que si Podemos se encarama en el poder se esforzará por todos los medios en liquidar el régimen de la Transición, el sistema democrático establecido en la Constitución de 1978 que ha dado a España largos años de libertad y prosperidad. Se esparcirán de nuevo en nuestro país, como en Francia, las siembras de Caín y se enfrentarán otra vez los hermanos con los hermanos, porque el auge de la extrema izquierda provocará de forma inevitable la reaparición de la extrema derecha.

Para que la moderación actúe unida cuando sea necesario y vote conjuntamente frente al extremismo, habrá que abordar la reforma de la ley electoral. Tal vez la fórmula más inteligente sea establecer la doble vuelta, que evitaría situaciones ingobernables. Llegado el caso, correspondería a los partidos moderados, a veces tapándose las narices, el apoyo al político constitucionalista de turno para derrotar al extremismo antisistema. El ejemplo que ha dado Francia resulta aleccionador. A pesar de tantos ascos acumulados, el pueblo ha respaldado por la abrumadora mayoría del 66% la moderación frente al extremismo.