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POCO A POCO

Trump, presidente SL

lunes 22 de mayo de 2017, 15:40h

Del dicho al hecho hay un trecho, como dice el refranero español, y lo que está pasando en Washington estas últimas semanas con Donald Trump es un ejemplo palmario de la naturaleza de este personaje político que nos ha tocado vivir como líder de la primera potencia mundial.

Trump es, por encima de todo, un amante del dinero, del poder que deriva de su acumulación y del éxtasis que le supone ver tantos ceros seguidos en una misma cifra. Aunque se vendiera a sí mismo durante la campaña electoral como la alternativa al establishment norteamericano, aunque retorciera la realidad a su antojo para asombro de ilustrados y alpiste de los limitados, aunque se pasara por el forro protocolos, tradiciones y hasta normativas internas, él no mueve una ficha si no va a sacar un beneficio directo y personal.

Mientras su día a día en la Casa Blanca es una cascada de acusaciones gravísimas derivadas de sus presuntos vínculos con el Kremlin durante la campaña y su posterior mandato que le podrían llevar a un impeachment, un juicio político, Trump se está dando un baño de masas allende las fronteras en su primera gira por el extranjero.

No ha sido casualidad que su primera parada haya sido Riad. A pesar de que para muchos puede suponer una sorpresa que visite un país patrocinador del terrorismo después de haber iniciado una cruzada contra el islamismo radical y sus padrinos financieros, Trump sabe que el dinero manda y manda mucho entre sus compatriotas. Dicho y hecho: aterriza y firma un contrato para la compraventa de armas por valor de 110.000 millones de dólares.

No importa que el régimen saudí tenga estrechos lazos, por su naturaleza wahabita, con el ala más radical del sunismo, léase Estado Islámico. No importa que este argumento sí valga en cambio para atacar al enemigo musulmán de Riad, Irán. El verde manda, para él y para sus amigos corporativos de Wall Street, y luego ya otro acarreará con las consecuencias y cargará con el muerto.

Mientras tanto, la nueva Administración planea, tras la bajada de impuestos a las grandes empresas aprobada hace unas semanas, un escandaloso recorte en el presupuestario y a las ayudas a las clases más desfavorecidas. Algunos medios apuntan a que este tijeretazo podría suponer hasta 800.000 millones de dólares menos para el Medicaid durante la próxima década, un programa del que más de 74 millones de personas dependen, uno de cada cinco estadounidenses.

Pero el de Riad no ha sido el único movimiento digamos interesado de Trump, pues también se ha reunido con dos pesos pesados de Oriente Medio con los que Obama puso distancia y ahora él recibe como "amigos": Recep Tayyip Erdogan, a la sazón dueño y señor de Turquía, y el general Abdelfatah Al Sisi, presidente golpista en el poder en Egipto.

El presidente de EEUU quiere imponer una lealtad sin fisuras en la región. Mientras eso suceda, le da igual a quién estrechar la mano o con quién sacarse la foto, poco hará por promover la democracia y la libertad entre aquellos que le juren obediencia. Trump tiene que sacar algo, al coste moral que sea, porque en casa no le van a dar ni las migas.

Al mismo tiempo, y he aquí el peligro, los sauditas, los Erdogan o los Al Sisi saben de la necesidad de Trump para hacerse fuerte fuera y saben que es el momento de aprovechar para sacar tajada estratégica de un presidente en horas bajas y con el agua al cuello.

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