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TRIBUNA

Brexit: el desorden de las negociaciones

martes 30 de mayo de 2017, 20:07h

La retirada del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE) constituye un ejemplo de la doble velocidad que la UE aplica en todos sus asuntos, debido a que su configuración como organización internacional inacabada le hace cometer constantemente el mismo error. Es decir que, por una parte, sigue los cauces previstos en el Tratado de la UE, y por otra, adopta la vía política, actuando al margen del Tratado. Esto en la práctica se está traduciendo en que el proceso del Brexit se convierta en un caos.

El procedimiento institucional del Brexit sigue su curso en la UE y ahora a la última que le ha tocado intervenir es a la Comisión Europa (CE), que ha presentado una recomendación para las orientaciones de las negociaciones como si aquí no hubiera pasado nada. Pero es que de momento ya han estado en Downing Street,10, uno tras otro, sin que sepamos exactamente porqué, qué coordinación había entre ellos, ni cómo encajan en el proceso legal de retirada, los presidentes de las instituciones europeas siguientes: Donald Tusk del Consejo Europeo, Antonio Tajani del Parlamento Europeo y Jean Claude Juncker de la Comisión Europea. Y ya puestos, podríamos decir que faltan dos: el presidente del Consejo de la UE, que es ahora el presidente de Malta y la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini.

Las orientaciones de la recomendación de la CE dicen que las negociaciones van a tener dos fases (aparte de la fase de facto de las conversaciones, con lo cual ya serían tres, y de una posible fase transitoria posterior, con lo cual ya serían cuatro), y se refiere solo a la primera fase, cuya estrategia consiste en que haya una retirada ordenada. En la segunda fase, ya veremos. Depende de lo que pase en la primera.

La recomendación dice que, en esa primera fase, aspira a proporcionar claridad y certeza legal, para lo cual exige dos cosas: primero, fijar las obligaciones financieras de todo el periodo que ha estado el RU en la UE (desde el 1 de enero de 1973) que no se sabe a cuanto ascienden y que no se va a poder saber con casi toda seguridad hasta el final del plazo de dos años, y segundo, determinar la situación de los bienes que están ahora en el mercado, que es el equivalente a unas medidas transitorias sin conocer las medidas finales, es decir sin saber en que va a acabar todo esto. Con lo cual será una transición a lo desconocido.

El gobierno británico, por su parte, tampoco se ha quedado atrás y no ha tenido ningún reparo en decir ya que va a levantarse de la mesa de negociaciones sin siquiera haberse sentado, lo cual no tiene parangón en la UE si exceptuamos la “crisis de la silla vacía” cuando mandaba De Gaulle, y cuando ahora las negociaciones oficiales están suspendidas porque ellos mismos han convocado elecciones en el RU. Dicen que es mejor que no haya ningún acuerdo que uno malo y que el dinero que pide Bruselas es mucho (se manejan cifras de 100 mil millones €, y han dicho que 1.000 millones ya les parece demasiado).

Así las cosas, si el Brexit empieza con semejantes planteamientos y si creemos en el determinismo de las condiciones iniciales de la teoría del caos, a partir de ahora los tropezones van a ir en aumento.

Ahora bien, si adoptamos una perspectiva más amplia para ver este asunto y, por ejemplo, nos subimos a las nubes, tendremos que el desorden social que va a tener como efecto el Brexit se puede desencadenar no solo por procesos terrestres caóticos sino también por fenómenos meteorológicos imprevistos, como que se ponga a llover a cántaros o, como dicen en el RU, que llueva perros y gatos.

En esas circunstancias, lo normal es que todo el mundo eche a correr, buscando donde meterse hasta que escampe. Lo que no es normal es echarse la mano a la cartera, como ha hecho la UE. Además, esas lluvias, si son muy fuertes, vienen seguidas de inundaciones y entonces las alcantarillas no pueden tragar la riada y se atascan. El resultado es que las aguas fecales se desbordan, toda la porquería sale a la luz y huele que apesta, y es también cuando se empiezan a ver cadáveres arrastrados por la corriente.

Cuando en el Consejo Europeo, donde se conoce que deben tener una bola mágica averiada, consigan atisbar la que ya está cayendo, decidirán si el proceso “progresa adecuadamente”, si se pasa a la fase siguiente y si emiten unas nuevas orientaciones de negociación. En ese contexto, los acuerdos transitorios se incluirán en las orientaciones futuras y se convertirán en los “puentes” que se tenderán sobre las aguas turbulentas y nos llevarán, como en sueños, hacia el marco futuro de relaciones entre la UE y el RU.

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