www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

POCO A POCO

Chantajistas profesionales

lunes 05 de junio de 2017, 14:48h

En los últimos días estamos asistiendo a la cara más impotente de nuestro país, la versión más atrasada de nuestra identidad. Taxistas y estibadores, dos profesionales que no han sabido o no han querido adaptarse al entorno del siglo XXI, nos chantajean de la manera más traidora a todos los españoles con protestas que en ocasiones incluso se tornan en violentas.

Ambos sectores han salido a la calle en lo que sólo ellos ven como reivindicaciones legítimas y no son sino un ejercicio de estrechez de miras y egoísmo por no saber entender que no hay profesión en este mundo que pueda quedarse al margen de los tiempos que corren, que los gremios cerrados son cosa del pasado.

El desarrollo de las nuevas tecnologías ha provocado que numerosos sectores profesionales hayan tenido que reconvertirse y adaptarse a los vertiginosos avances bajo la amenaza de desaparecer. Sin ir más lejos, el periodismo ha sufrido la reconversión del modelo analógico al digital, además de padecer como todos la crisis económica de los últimos años, en un proceso que se ha llevado por delante decenas de miles de puestos de trabajo sólo en España e infectado de precariedad una profesión ya de por sí inestable. En la aplicación del darwinismo más cruel, ha sido adaptarse o morir, así de sencillo.

Este nuevo paradigma del sector servicios en el que nos hemos instalado, en el que premian la satisfacción y la comodidad del cliente por encima de los intereses del proveedor, ha servido para poner en evidencia al gremio de taxistas en España, unos chantajistas que quieren preservar su monopolio a costa de cortarle las alas a servicios más modernos e imaginativos.

La libertad de mercado que han ofrecido empresas como Über o Cabify, frente al coto cerrado de tarifas y flotas de taxistas, ha supuesto un salto cualitativo en el servicio al cliente excepcional, que ahora ve cómo se le mima en vez de sentirse un mero bulto a trasladar de un punto a otro de la ciudad.

Quizás los taxistas en su conjunto debieran hacer examen de conciencia y analizar qué han hecho mal, a qué se debe el empuje de estas nuevas variantes en su industria o la pérdida de confianza del usuario y dejar de colapsar ciudades con atascos provocados y agredir a otros profesionales que tienen todo el derecho, y así lo dictamina la ley, para ejercer la labor por la que merecidamente se les paga.

Lo fácil es culpar a los nuevos, a los que reinventan el mercado y le dan una vuelta de tuerca pensando en el cliente. Lo difícil es saber identificar cuál es el verdadero problema, el de un sector atrasado y en absoluto fuera de juego, y ponerse el mono de trabajo.

Por otro lado, no es menos clamorosa la situación de la mafia de los estibadores, que vuelve a poner contra la espada y la pared a España. Y digo mafia porque no hay sector en nuestro país que opere en términos tan torticeros como ellos. Con puestos de trabajo heredados, donde solo ellos dicen quién entra en el gremio y quién no, unos sueldos exorbitantes y unas jornadas laborales que para sí las quisiera un jubilado, los estibadores están poniendo en serio peligro la economía de nuestro país.

Su estrategia de convocar huelgas para luego desconvocarlas como un gesto de buena fe a pocos días de hacerse efectiva es el vivo ejemplo de su cara más chantajista. El daño ya está hecho, pues los grandes cargueros desvían su trayectoria hacia otros puertos una vez se conocen las fechas de los paros. Cuando éstas son anuladas, su rumbo ya apunta a Francia, Portugal o Marruecos, que se frotan las manos con esta guerra sindical.

El Gobierno sabe de la deslealtad de los estibadores y se mantiene firme, mientras que estos saben que una guerra larga les favorece. Mientras, millones de euros en pérdidas y España dejando una imagen deplorable dentro y fuera de nuestras fronteras en favor de vecinos menos preparados pero más oportunistas.

A corto plazo la solución es complicada, pues apremia desatascar la situación cuanto antes para no perder nuestra posición privilegiada en cuanto al tráfico marítimo. Sin embargo, este frente clama por una intervención más a fondo. No puede ser que unos pocos 'privilegiados' puedan paralizar una industria a capricho cada vez que se meta mano en su cortijo. No es de ley ni es de lealtad para el país.

Unos y otros, taxistas y estibadores, han convertido el chantaje nacional una arista más de su profesión. Viendo más la paja que la viga, no son capaces de analizar dónde está el mercado y hacia dónde va para ellos pivotar en su favor y en el de todos. Es hora de la mano dura y de azuzar por el bien general.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.