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EPPUR SI MUOVE

La Intifada de los Cuchillos llega a Europa

martes 06 de junio de 2017, 19:57h

Las brutales imágenes de los últimos atentados en Londres son tan atroces como reveladoras. Nuevas, no. En Israel lleva tiempo pasando; demasiado, de hecho, aunque diera la impresión de que allí importa menos que muera gente, salvo si son palestinos. Porque son palestinos, justamente, los creadores de este modus operandi terrorista que de un tiempo a esta parte viene asolando Europa: la Intifada de los Cuchillos.

Es simple: a falta de bombas o armas de fuego, los terroristas atropellan a cuantos viandantes puede o si van a pie los van apuñalando indiscriminadamente. La salvajada en cuestión ha sido cometida, una vez más, en el nombre de Alá, mal que le pese a Público, El País o Ana Pastor. Una vez más, contra gente inocente -todas las víctimas lo son, con independencia de géneros, credos o nacionalidades-. Y una vez más, generará reacciones oficiales en apoyo al Islam.

Si una simple viñeta de Mahoma en un semanario danés provocó lo que provocó, imaginen que un budista, un judío o un católico matan a sangre fría a un musulmán sólo por el hecho de serlo. Millones de personas se manifestarían para clamar venganza, y los disturbios por todo el mundo serían enormes. Theresa May se apresuraría a afirmar lo intolerables que son los ataques contra el Islam, añadiendo que el Reino Unido es un lugar de acogida y tolerancia. Y otro tanto harían Macron en Francia o Rajoy en España.

En el nombre de Alá. Conviene dejarlo claro, porque eso es lo que es. A día de hoy nadie mata en nombre de Dios, Yahvé o Buda; sí en el de Alá. El Islam tiene un problema; un problema que sólo el Islam puede resolver. Mancilla, es verdad, a una inmensa mayoría de musulmanes que no merecen que se les mezcle con semejantes alimañas. Ahora bien, esto sólo se puede parar en tanto en cuanto surjan voces autorizadas entre ellos que fijen claramente su posición. Que digan que nada ni nadie justifique la muerte de una sola persona. Que mujeres y hombres sean iguales ante la ley. Que dejen de culpar a Occidente de todos los males del mundo. Y que cese de una vez la hipersensibilidad con una forma de entender la religiosidad fanática y medieval.

Si no les gusta Europa, que se vayan a Qatar o Pakistán, y que dejen de mamar aquí de la ubre de las ayudas sociales. Porque disfrutar de sanidad, educación, ayudas públicas y subsidios a demanda, sí; deberes, eso poco. E integración y respeto con los países que les acogen, menos aún; todo lo más, resquemor. El atentado islamista de Londres y todos los anteriores en Israel, Afganistán Francia o donde sea no fueron contra alguien en concreto, sino contra todos y cada uno de nosotros. Reitero, mancillan a esa gran mayoría de musulmanes a quienes repugna todo acto de violencia, pero no equivoquemos el victimario: el foco es el Islam, y el objetivo, Occidente.

Qatar, efectivamente, financia desde hace años al terrorismo, pero también lo hacen Arabia Saudí y el resto de estados del Golfo que han roto relaciones con el emirato por una mera impostura. E Irán, aunque desde su vertiente chií. El problema es que los progres europeos les hacen el caldo gordo con tal de atacar a judíos y cristianos y evitar llamar a las cosas por su nombre. Escuchar cómo la BBC tilda la salvajada de Londres de “incidente” o ver a Ana Pastor hablando de que la policía “asesinó” a los terroristas merece un desprecio infinito. Y en breve, otro nuevo atentado cometido por alguien llamado Omar, Mohamed o Rachid en el corazón de Europa volverá a helarnos la sangre. Y todo seguirá igual.

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