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SU LIDERAZGO QUEDA EN ENTREDICHO FUERA Y DENTRO DE SU PARTIDO

Una May cuestionada encara ahora el brexit desde la debilidad

Una May cuestionada encara ahora el brexit desde la debilidad
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viernes 09 de junio de 2017, 17:58h

La primera ministra, que adelantó las elecciones como un referéndum a su persona, se ve entre la espada y la pared a diez días de sentarse a la mesa con Bruselas.

Una vez superada la jornada de este jueves, los británicos tienen la vista puesta en lo que suceda dentro de diez días, fecha en la que Reino Unido y la Unión Europea comenzarán de forma oficial las conversaciones para certificar el brexit.

A esta cita tan importante llegará una Theresa May muy debilitada por las urnas. Debilitada dentro y fuera de su partido, ya que la pérdida de escaños y el hecho de tener que pactar con los unionistas norirlandeses del DUP en el contexto de un 'hung Parliament' era el segundo peor escenario posible, sólo después de perder los comicios en favor del laborista Jeremy Corbyn, cosa que finalmente no ha sucedido.

Ahora la primera ministra 'tory' se enfrenta a su gran apuesta, que ella misma ha convertido en personal, el brexit, en una posición más que comprometida. El país le ha hecho llegar un claro mensaje de desconfianza y lo que antes iba a ser una postura dura ante los negociadores de Bruselas ahora está por ver cuán férrea será la resistencia que ofrezcan los británicos, especialmente en lo tocante al cheque de desconexión, cifrado en 100.000 millones de euros.

Por lo pronto, desde instancias comunitarias ya se huele sangre. "Nosotros podemos abrir las negociaciones mañana a las 09.30 de la mañana", señalaba este mismo viernes desde Praga el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sabedor de que la Unión Europea acude a las conversaciones ahora desde una posición de fuerza tras los resultados electorales.

Piden su cabeza

Y es que inestabilidad es ahora la palabra más repetida en las islas. Sobre todo porque un Parlamento colgado puede frenar muchas de las iniciativas que quiera sacar adelante el nuevo Gobierno para paliar los efectos del brexit, así como otras marcadas en rojo en la lista de prioridades de May, como la reforma sanitaria o la laboral.

En una apuesta, la de adelantar las elecciones, que le ha salido mal, May ve cómo su figura como cabeza visible del país y como líder del Partido Conservador, que pasa de 330 escaños en mayoría a los 319 en minoría de ahora, queda en entredicho. No sólo no ha sabido aunar apoyos a su causa, sino que ha llevado a cabo una desastrosa campaña electoral repleta de errores de bulto y menosprecios a sus rivales, no tanto en las formas como en el fondo.

Y es que la primera ministra dibujó los comicios de este pasado jueves, inicialmente previstos para 2020, como un referéndum sobre su persona. "El voto para mi es el voto hacia liderazgo", llegó a decir. Sin embargo, sus aires de renovada thatcherista, que levantan urticaria en amplios sectores de la sociedad, y sus torpezas de bulto, como el renunciar al debate en la televisión pública, le han granjeado no pocos enemigos y una creciente pérdida de votos.

No obstante, llegó a contar con una ventaja de más de veinte puntos hace mes y medio, "insalvable" para los medios locales, y que pocos días antes de abrir los colegios había dilapidado casi por completo. Seguramente la mano dura que ella abandera frente al terrorismo islamista, y que dejó bien patente en sus intervenciones públicas después de los atentados de Londres del pasado fin de semana, le hicieron recuperar ese aire que al final le ha dado una pírrica victoria que sabe a muy poco entre sus correligionarios.

Otra clave que explica la caída en desgracia de May se entiende al desgranar su arco de votantes. No ha sabido captar a los jóvenes, que la ven como una líder anacrónica fiel a la oligarquía del establishment y que han preferido el tono renovado y calmado de Corbyn, y muchos de los que en su día votaron por el brexit no se han decantado esta vez por ella, pues una cosa es estar a favor de la orgullosa soberanía nacional y otra muy distinta a favor de la líder conservadora.

Horas después, casi todos sus rivales electorales han pedido su cabeza. Corbyn, Farron, (liberaldemócratas), Sturgeon (nacionalistas escoceses), Varadkar (Finn Gael y próximo primer ministro irlandés)... Incluso la diputada conservadora Anna Soubry. Todos consideran que los resultados de este jueves deslegitiman a May para liderar el brexit y comprometen la postura de Reino Unido de cara a su futuro más inmediato. Sobre todo si se tiene en cuenta que durante la campaña electoral los conservadores atacaron duramente a Corbyn por su pasado de connivencia con grupos norirlandeses, precisamente con los que ahora May formará equipo de coalición.

Por lo pronto, May ha pedido perdón a su partido y a todos aquellos parlamentarios que han perdido su escaño por culpa de los resultados de este jueves. "Reflexionaré sobre lo que necesitamos hacer en el futuro a fin de que el partido avance", ha dicho la primera ministra, consciente de que necesita hacer un análisis en profundidad de lo acontecido ahora que arrecian las críticas contra ella.

Ahora bien, con los resultados en la mano, muchas incógnitas se plantean ahora en el horizonte británico: ¿Será capaz May de calmar los ánimos dentro de su partido tras la pérdida de la mayoría parlamentaria? ¿Qué línea mantendrá a la hora de negociar el brexit siendo cuestionada incluso dentro de su propio país? ¿Qué pedirán los norirlandeses a cambio de una coalición estable? ¿Hasta cuándo podrá soportar Reino Unido, un país que no tiene un Ejecutivo de coalición desde 1974, un Parlamento 'colgado'? Muchos frentes para una primera ministra cuestionada y cuestionable.

"Se avecina un verano tormentoso", ha vaticinado David Davis, el ministro al que se le han encomendado las cuestiones del brexit. Queda por ver hasta qué punto y a qué coste.

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