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TRIBUNA

De lo que no hay

lunes 12 de junio de 2017, 18:42h

Levantarse del sillón es tener que volver a ordenar el mundo. Abrumadora tarea de colocar en su sitio lo desplazado por mirar un punto fijo de la pared. Vete a saber, tras el salto, cómo encajarlo todo como antes. Lo normal es que se pierda o que sobre algo por el camino. Que lo que no había aparezca, y de lo que estaba no quede ni rastro. Solo se ve realidad en los desplazamientos. Ver lo fijo en el desvío inmóvil, sentarse en el brinco de los guardias muertos de la calle.

A veces, la violencia del salto hace que me pregunte si no habré atropellado a un niño o animal. Miro por el espejo retrovisor, y todo parece normal. La gente circula. Aunque eso no significa nada. El otro día atropellaron dos veces a una mujer que cruzaba un paso de cebra en China, y la gente seguía a lo suyo, circulando como si tal cosa. Hay una falta total de valores en China. Saco la cabeza por la ventanilla, y nada. Me acuesto en el asfalto para ver debajo. Pego la oreja para mirar. Estoy en el sofá más quieto viendo a Régine Chassagne debajo de mi coche. Y eso no es todo, desde aquí abajo. Hay algo aún más curioso, y es que su cara no es suya, sino de la vicepresidenta del Gobierno. Acabo de atropellar a la cantante de Arcade Fire que tiene España metida en su cabeza. Está tendida debajo de mi Smart Fortwo Passion blanco y rojo que acababa de cargar de batería, con las botas ugg de flores de los primeros conciertos y el típico maletín con el escudo del Gobierno, abierto por la violencia del salto y con todos los brief de Inteligencia desperdigados por la calle. ¿Qué va a pasar ahora con la gira mundial? ¿Qué será de Oriol Junqueras? ¿Para quién harán los periodistas ahora los coros de Reflektor?

Ordenar este desaguisado no es nada fácil. No es como cuando voy en el Metro sentado mirando la pared de mi cuarto y le doy una patada en la entrepierna a cualquiera. Hay una falta total de valores.

Imaginar un lenguaje es imaginar una forma de vida, dice Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas. Uno tiene que saber ya algo, para poder preguntar por los nombres de las cosas. Pero, ¿qué es lo que tiene uno que saber antes de las palabras? “Inteligencia, soledad en llamas, que todo lo concibe sin crearlo”, podría responder Gorostiza.

Para preguntar por el nombre de las cosas, cuando no se tiene inteligencia y solo se aspira a una especie de santidad animal, también sirve sentarse a desordenarlas. No vuelven a medir lo mismo. De lo que sobra tras el salto estático, y también de lo que no hay, harás brasas para el invierno.

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