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PODEMOS APEDREA AL PARTIDO POPULAR CON LA CORRUPCIÓN

martes 13 de junio de 2017, 14:34h
“Son unos frikis sin importancia, una anécdota pintoresca”, así pontificó hace tres años Pedro Arriola sobre los actuales dirigentes...

“Son unos frikis sin importancia, una anécdota pintoresca”, así pontificó hace tres años Pedro Arriola sobre los actuales dirigentes de Podemos. La eminencia gris de Mariano Rajoy se ha encontrado con que aquellos frikis sin importancia están respaldados hoy por 5.000.000 de votos y han desafiado al Partido Popular con una moción de censura, sin horizontes de victoria, pero demoledora dialécticamente en algunos aspectos.

Escuché a Irene Montero con la mayor atención. Se puede coincidir o se puede discrepar de ella pero construyó un devastador discurso sobre la corrupción de un sector del Partido Popular. Habló con seguridad, se equivocó en algún énfasis innecesario, pero se perdería el sentido de la objetividad si se negara que respaldó sus denuncias con un tremendo equipaje de hechos y cifras, aunque generalizó de forma casi sistemática.

Pudo agitar a la Cámara Irene Montero con la demagogia. No lo hizo. Aunque rozó lateralmente el asunto, no se atrevió a reconocer que el 90% del Partido Popular está formado por políticos honrados y constructivos. En un balance equilibrado de su gestión, el PP arroja un 80% de factores positivos frente a un 20% de errores y corrupciones.

En contra de lo que muchos pensaban, Mariano Rajoy tuvo el acierto de zafarse personalmente en el debate y, sin esperar a Pablo Iglesias, subió a la tribuna y replicó de forma moderada y certera a Irene Montero. Demostró Rajoy una vez más ser un formidable parlamentario, capaz de descargar sobre el adversario, junto a la argumentación robusta, la ironía y el humor. “El exceso es el veneno de la razón”, afirmó Rajoy citando a Quevedo, para desbaratar en su conjunto la moción de censura. No eludió el presidente la referencia al punto más débil del PP: la corrupción. Y hay que reconocer que lo hizo con extraordinaria habilidad.

Mariano Rajoy fue especialmente contundente al subrayar la gestión económica de su Gobierno. Recordó a la señora Montero que en los últimos años la economía española creció por encima de la europea. Volvió a subir al estrado por dos veces Mariano Rajoy para contestar a la airada réplica y dúplica de Irene Montero y denunció la manipulación de Podemos al dibujar la España negra que los podemitas quieren ver y que está muy lejos de la que ven y no quieren reconocer.

Pablo Iglesias es un político muy inteligente y acertó al revestirse de moderación en el gesto y la palabra para desgranar con oratoria fluida y certera su bien conocida ristra de argumentaciones contra el sistema y contra el Partido Popular, ninguneando al PSOE porque la gran aspiración del líder podemita es alzarse con la representación de la izquierda, desplazando al partido que engrandeció Felipe González. Así es que tendió la mano a Pedro Sánchez para una nueva moción de censura que lidere el secretario general socialista y desmonte a Rajoy. Algunos piensan que Sánchez podría aceptar el abrazo del oso.

Pablo Iglesias, en fin, demostró ser un gran orador parlamentario y tuvo el valor de citar por su nombre a los que forman parte de lo que él llama “trama”. Esa denuncia es la que le ha proporcionado el respaldo de 5.000.000 de votos. No estoy seguro, tras escuchar a Pablo Iglesias, de que tenga razón Mariano Rajoy al afirmar: “Cuanto más se conoce a los dirigentes podemitas menos se les vota”.

Mariano Rajoy subió de nuevo al estrado con la lección bien aprendida. En lugar de debatir las propuestas que durante tres horas expuso Iglesias, instrumentó un demoledor ataque personal para dejar bien claro que el líder podemita carece de condiciones para ser presidente del Gobierno. Las alusiones a determinadas circunstancias de Iglesias cosecharon aplausos cerrados de la bancada pepera. La descarga de ironía de la que hizo gala Rajoy resultó apabullante. Además, el presidente colocó en un brete al candidato cuando insistió en que el derecho a decidir sobre Cataluña corresponde a todos los españoles.

Desde su punto de vista, Pablo Iglesias estuvo brillante y eficaz de cara a su electorado. Mariano Rajoy le derrotó a los puntos porque supo sortear las pedradas de la corrupción para hacer alarde después de su maestría parlamentaria. En mi opinión, la moción de censura, de la que faltan muchas intervenciones cuando escribo estas líneas, no ha sido irrelevante. Pablo Iglesias ha conseguido su propósito de llenar el escenario español, desplazando al PSOE. Y Mariano Rajoy se ha mantenido en su lugar descanso, sin problemas adicionales.