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DESDE ULTRAMAR

Cuba y Puerto Rico contra Trump

sábado 17 de junio de 2017, 18:59h

El triunfo electoral de Trump suponía para ambas ínsulas caribeñas un futuro determinado por su antihispanismo. La incógnita sería el tiempo que tardaría en definirse, atendiéndolas, pero quedaba claro que la llegada del bobalicón republicano a la Casa Blanca sellaría los destinos de ambas.

Dos destinos que no tienen que ser determinantes ni tampoco insalvables y acaso sea esa la leve diferencia con el pasado, cuando Washington con solo desearlo hubiera impuesto las directrices contrarias a los intereses de ambas islas sin opción alguna. Así de sencillo. Pero al final el binomio Cuba-Puerto Rico sigue vigente, por mucho que se lo quiera separar y tratar como cosa aparte.

El viernes 16 de junio de 2017 en Miami, centro por excelencia del exilio cubano, Trump no solo ha firmado un memorando presidencial desmantelando los esfuerzos de acercamiento de Obama con Cuba, calificándolos como lo más aberrante que le pudo pasar a Estados Unidos –en ese clásico lloriqueo embustero típico de la política exterior yanqui de siempre, que hoy a pocos deja boquiabierto y más en estos momentos– y profiriendo una andanada de descalificaciones seguidas de órdenes a Cuba para que cambie políticamente y procure los derechos humanos, entre otras cosas. Las ha pronunciado en el clásico tono previo a la Revolución Cubana, a lo General Brooke, a lo procónsul como si fuera Trump uno de los embajadores yanquis en La Habana prerrevolucionaria, cuya sola presencia, manoteos y vociferaciones ponían a temblar al gobierno cubano de paja, cumpliéndole su santa voluntad como mandamases que eran en la isla.

Aunque parezca retórica, la Revolución Cubana tiene un mérito: plantarle cara a los Estados Unidos. Mientras no lo comprendamos, nos parecerá solo retrógrada. La Revolución Cubana es capaz de conseguir un pronunciamiento ese mismo día, en uno de cuyos párrafos publicados en Granma, puede leerse una respuesta contundente a Estados Unidos y a Trump: "Los Estados Unidos no están en condiciones de darnos lecciones....". ¡Bravo! Sanseacabó. Sé que aplauden Martí, Maceo y hasta Fidel y desde luego que yo también. El tono grosero de Trump merece responderse así: “Oye, no le estás hablando a tu muchacho. A dar órdenes a tu casa”. No olvidemos la Historia.

En momentos en que se plantea la sucesión de Raúl Castro, muerto ya Fidel, es complejo el panorama cubano. Siempre quedará la duda de si los sucesores de Castro tendrán las agallas para defender los intereses cubanos frente a las jamás – repito, jamás– cerradas fauces de Estados Unidos dirigidas a la Gran Antilla.

Si bien no se rompen relaciones diplomáticas, se enfrían. Y no se rompen porque a mi juicio gana más Estados Unidos con un pie adentro de Cuba desde su embajada como centro espía e injerencista, como que el gobierno cubano ha expresado que el acercamiento de Obama también tenía de cualquier forma tintes de avance contra los principios revolucionarios, es decir, que los cubanos sabían que no solo era buena voluntad y sonrisas, sino recuperar lo que Estados Unidos no se ha resignado a perder: su presencia omnipresente en la isla.

Trump se había tardado, pero ya actuó. Nada sorpresivo. De cualquier manera Estados Unidos no ha concretado la designación de un embajador en Cuba, que es otro desaire. Un nominado por Obama, Jeffrey De Laurentis, se ha quedado en eso. De Laurentis no tiene para cuándo ser y en el cambio de gobierno y con el nuevo marco, puede entramparse su designación definitiva. Un procónsul cabe esperar como respuesta clásica de Washington, donde no se quieren enterar que hubo una revolución en Cuba. Como sea recordemos que tras de morir Castro, Trump expresó un escueto ¡Fidel Castro ha muerto! Y en un comunicado dijo: “Ha muerto un dictador brutal que oprimió a su pueblo y durante casi seis décadas y ha señalado que su legado es pobreza, robos, negación de derechos fundamentales y un sufrimiento inimaginable.” Ya veremos cómo tratará a Trump la Historia.

Para Puerto Rico el horizonte era claro si ganaba Trump; no habría ayuda de proseguir el deterioro económico de la isla, que se confirmó con la declaratoria de quiebra de mayo pasado. El mal manejo de las finanzas públicas pone en una tesitura a la Isla del Encanto, generando toda clase de reacciones, incidiendo unas en el anexionismo más recalcitrante prevaleciendo en el referéndum no vinculante recientemente efectuado, el cual atiende ese canto de sirenas en medio de la abstención. La idea de que las castañas se las sacarán del fuego en Washington. Y otras planteando más tímidamente la independencia o mantener el status actual.

En medio de todo esto puede uno encontrarse en las redes sociales movimientos, para mí bastante folklóricos, que piden desde Cuba y desde Puerto Rico la reanexión a España. Y desde la misma España, donde parece que tales movimientos cuentan más con seguidores del Duque de Alba y de Fernando VII que con ciudadanos sensatos del siglo XXI. Todos instan a Felipe VI a que se faje y actúe. Al final serán cuatro gatos en promedio. Por fortuna en ambas orillas del Charco cabe la sensatez y la desestimación a tales pedimentos. Al menos de este lado al comentario he obtenido por respuesta una carcajada y un rotundo “¡No se trata de retroceder, sino de avanzar!”. Del lado español he leído que parece una mala broma con la que está cayendo. Como amante de la Historia me lo tomo como un simple chiste mal contado. Quedará para el anecdotario.

Por lo que a Trump toca frente a la deuda puertorriqueña, se nota un desdén, ya previsible. En abril pasado tuiteó: “Los demócratas están tratando de rescatar a las compañías de seguros del desastroso #ObamaCare, y de Puerto Rico con los dólares de sus impuestos. ¡Triste!” Y a renglón seguido anotó que: “Los demócratas quieren cerrar el gobierno si no salvamos a Puerto Rico y damos miles de millones a sus compañías de seguros por el fracaso de OCare. ¡NO!”. Sin embargo, la ayuda a la isla podría llegar siempre y cuando suceda en condiciones sumamente severas para ser retribuida. No serán buenas noticias de llegar a suceder y por lo pronto, solo nos quedamos con la deprimente imagen del gobernador puertorriqueño mendigando ayudas entre los congresistas yanquis en Washington, semanas atrás. ¿Qué diferencia real habría de hacerlo en Madrid?

En tanto, se ha liberado recién en Estados Unidos a un activista proindependentista, Óscar López Rivera, luego de 35 años, que nos recuerda que ese movimiento también sigue vivo. No parece ser un modelo atractivo, empero es constante y el futuro de ambas islas hermanas siempre nos causa un dolor lancinante, porque merecen mejor futuro y no al amparo de las barras y las estrellas.

Mientras, ha muerto Helmut Kohl, él sí un verdadero estadista sin el cual no se entiende la Alemania unificada de hoy. Es de esos europeos determinantes del último tercio del siglo XX. Lo colocaría junto a Margareth Thatcher, Juan Pablo II y Mijail Gorvachov. Cada cual por razones diferentes, pero al final concatenadas, pues colocaron en buena medida los cimientos de la Europa de nuestros días, con sus claroscuros por membrete. ¡Cómo hace falta un Kohl en Washington!

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