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DESDE ULTRAMAR

Sesquicentenario de Canadá

sábado 01 de julio de 2017, 20:03h

La Torre CN, la Real Policía Montada, Niágara, las auroras boreales en Yukón y los frentes fríos que pegan hasta México, Calgary y su deportivismo, su capacidad integradora, el Circo del Sol, el maple –con su miel y su sirope–, el hockey y el lacrosse, el Banco de Montreal, Marshall MacLuhan y su “aldea global”, sus universidades de intercambio, el verdor veraniego y los otoñales tonos encendidos, los defensores de los derechos humanos, la bien trazada Ottawa, la Bombardier, sus leales a la corona británica del ‘76, el Festival de Cine de Toronto, el castor, Nunavut, sus tótems, los Juegos Olímpicos de Montreal, las montañas Rocallosas, el curioso y exitoso bilingüismo, su 1º de julio y su día de la reina Victoria, los inventores de la insulina, el baloncesto, la cremallera, el IMAX y el wonderbra (que no es poco), Quebec, nuestro socio norteamericano que hace contrapeso a Estados Unidos, el idioma francés dieciochesco, la belleza de la Columbia Británica, la Expo’ 67, el país que pronto entró en la OTAN y tardíamente a la OEA, su reconocible bandera, la Reina en sus billetes bilingües, la dualidad de la Francofonía y la Commonwealth, el río San Lorenzo y los otrora llamados esquimales, Vancouver y su Expo’86, Mackenzie y Trudeau padre, Oswald Avery y su estudio del ADN, Céline Dion, Michael Bublé, Avril Lavigne, Keanau Reeves, Michael J. Fox, Justin Bieber, Jim Carrey y una verdadera pléyade de talentos, evocan a Canadá y Canadá está de aniversario.

Canadá cumple 150 años este 1 de julio de 2017 desde que, merced al Acta de la América Británica del Norte, se creó la entidad política que empleó la palabra “Canadá” para definir un nuevo país y no ser más un referente geográfico y un nombre provincial. Eso se conmemora. Trascurrió siglo y medio de la conformación del primer Dominio de la Corona británica, que esbozaba un autogobierno en el seno del Imperio británico. Se trató de un experimento audaz, de una sagaz respuesta de Londres al posible (hoy lo miramos improbable) expansionismo estadounidense al ganar la Guerra Civil el bando del norte. Como lo había planeado en caso de triunfar. La reina Victoria firmó el acta y zanjó la disputa entre Montreal y Toronto por alcanzar la capitalidad, eligiendo la desconocida Ottawa para detentarla, a medio camino entre ambas.

Unificar agrupando las dispersas colonias británicas norteamericanas era menester y apenas a escasos dos años del final de la contienda estadounidense, y apremiaba actuar ante la tensa situación que representaba la atenazadora adquisición de Alaska por Estados Unidos el mismo año 1867 –el Zar creyó que solo vendía focas y hielo, ignorando que debajo poseía yacimientos petrolíferos y auríferos de ensueño– y Gran Bretaña respondió creando esa nueva entidad política que comenzó su propio camino paulatinamente, hasta hoy. El modelo implantado de Dominio o Realm, que atajaba el separatismo quebequés, contando con un primer ministro, un gobernador general representando al soberano británico, un parlamento, tutelado todo por Londres, fue reproducido en sus provincias, siendo exitoso. Fue el patrón para que Britania forjara nuevos dominios como Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica, eso sí, imperando la supremacía blanca justificadora.

En 1867 no todas las demarcaciones norteamericanas se integraron al nuevo Canadá. Fue un proceso lento que concluyó con la inclusión de Terranova en 1949, que era un dominio más. La nueva nación creció poblándose al estilo del Viejo Oeste, uniendo sus dos extremos y participando codo con codo de las guerras libradas en el seno del Imperio británico. El Acta de Westminster de 1931 le concedió nuevas facultades y la Segunda Guerra Mundial dotó al nuevo país de una extraordinaria capacidad para tomar decisiones en política exterior, inclusive.

De esta época data el establecimiento de relaciones diplomáticas con México (1944). Unas relaciones en gran sintonía en la actualidad, con temas importantes como el comercial y el desafío que nos representa mutuamente Trump con la renegociación del TLCAN en puerta, o el cuestionado desempeño de las mineras canadienses, que urge atender. Canadá ha sido un amigo de México, salvo estos años recientes en que con una ceguera política brutal se impuso de forma unilateral una visa que de momento, ha sido retirada. Justo a tiempo para celebrar juntos, Canadá y México, ese 150 aniversario que nos entusiasma.

Cuando yo era niño era frecuente oír hablar de “El Canadá”. En algún momento perdimos el artículo. Yo creo que sucedió en los años ochenta. Me acerqué entonces a su embajada por primera vez. Contaba con una biblioteca en dos niveles. Era sensacional. Recuerdo un póster muy original publicitando la candidatura de Toronto a los futuros Juegos Olímpicos de 1996, ilustrado con un horizonte de la sede y sobresaliendo un perchero que tenía colocados entre otros, lo mismo un sombrero del uniforme de gala de la Real Policía Montada, que un penacho de los pueblos originarios, esos pueblos que parece que están siendo tomados muy en cuenta por fin, desde hace unas tres décadas, como que hasta en un billete han plasmado su artesanía más distintiva. Enhorabuena.

Tierra promisoria, no exenta de sus desafíos y problemas, permite a Canadá presumir de siglo y medio de crecimiento sostenido. En este sesquicentenario he acudido a amigos a quienes la vida proyectó hacia allá. Desde allí aceptaron compartir sus sentimientos en torno a este 150 aniversario. Martha Currier desde Toronto, me escribió:Hola, así es, 150 años de la confederación del Canadá. Para mí ha sido una experiencia muy hermosa ver a este país crecer, el ser parte de su historia. Por parte de mi trabajo tuve la oportunidad de participar en la llegada de 25,000 refugiados de Siria y trabajar directamente con ellos y el gobierno canadiense, y así poder contribuir con un granito de arena por todas las cosas maravillosas que he vivido en este país y el apoyo que me ha brindado. Canadá es un país de Emigrantes, es un país con mucha diversidad de gente y culturas que hacen que este país sea diferente. Una típica expresión canadiense es: “¡Eh!, ¡el castor (beaver)!”. Es uno de los símbolos de este país, el hockey es uno de los deportes principales de aquí. Los canadienses son muy buena onda, hablan dos idiomas, nuestro sistema de salud es totalmente gratuito. Mi café favorito es el ¡Tim Hortons! y nuestro primer ministro es inteligente, ve por su gente, es una persona muy agradable y sencilla”.

Norma Barrón también desde Toronto, me dijo: “Canadá es un lugar en el que el color de piel, la religión que se siga o los puntos de vista diferentes, no importan. Prevalece un sentido irrefutable de libertad y de seguridad. Los canadienses entienden que juntos somos más fuertes. ¡Ah! y los canadienses son famosos por decir “sorry”(discúlpame) aunque no sea su culpa. Muy humildes”.

Mi amigo Javier Calderón desde Vancouver, me ha expresado que: “Canadá cumple 150 años y ahora como ciudadanos canadienses nos uniremos a su celebración. Canadá nos aceptó ya hace algunos años como nuevos emigrantes y al igual que a mucha gente de diversos países nos hemos estado acoplando a su forma de vida multicultural, y a pesar de ser un país tan joven culturalmente, ofrece muchas oportunidades para sus habitantes. Nunca me arrepentiré de haber tomado la decisión de continuar mi vida acá lejos de mis costumbres, por que como dijo la Reina Isabel: “Canadá se ha ganado una reputación de país acogedor, respetuoso y compasivo”. Espero que Canadá siga creciendo como nación. ¡Felicidades Canadá!”

Así pues, en el marco de esta conmemoración, mirando a Canadá en esta trayectoria exitosa, nos mueve y nos inspira. Compartimos su alegría y podemos expresarle un sentido: ¡Felicitaciones, bien hecho! País admirable, amigo de México y con una vocación de entrega y respaldo, solo podemos reconocérselo. Mis parabienes por este siglo y medio.

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