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DESDE ULTRAMAR

JJ.OO. de Barcelona’92: 25 años

martes 25 de julio de 2017, 20:38h

Han trascurrido 25 años exactos desde que aquel sábado 25 de julio, día del apóstol Santiago, se inauguraron los ansiados y muy deseados Juegos Olímpicos de Barcelona’92, los vigésimo quintos de la Era moderna. Eran las bodas de plata del Olimpismo y marcaban el cénit de un electrizante verano como lo fue el del 92.

Para quienes somos amantes del movimiento olímpico y de su historia, celebramos la designación de Barcelona como sede ya en 1986, en su quinto intento. Recuerdo bien la algarabía que desencadenó en los medios deportivos mexicanos –muy sensibles al deporte en el año del mundial México’86– al saberla escogida y pensábamos en lo aún lejano que nos sonaba 1992. Barcelona’92 sería una digna sucesora de México’68 como capital olímpica iberoamericana, tal y como nos entusiasmó la declaratoria de Río años después.

Sí, el 92 y lo de Barcelona empalmaban con el V centenario del descubrimiento de América –no obstante que en la ceremonia que nos ocupa se calló todo al respecto– y yo me propuse ir a esos Juegos. Al final me incliné por la Exposición Universal de Sevilla, cuyo vigésimo quinto aniversario marqué aquí mismo en esta columna en abril pasado. Pero no quité mi mirada de Barcelona’92, ciudad que tardé muchos años más en conocer, hasta 2002. Justo en el décimo aniversario de esta gala inaugural, presencié unos espectaculares fuegos pirotécnicos conmemorativos al pie del Palacio Nacional con sus bellísimas fuentes iluminadas, herencia imperecedera de la Expo del 29. Fui muy afortunado, después de todo. Recuerdo los postes de la Ciudad Condal engalanados en esa oportunidad, en que además era el año de Dalí.

Y nunca antes una inauguración fue tan bien planificada y tan vistosa, sin ser excesiva y sí muy bien acoplada en los tiempos y en los pasos. La apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona’92 aportó elementos después mal copiados por Atlanta y Sidney. Recuperó el necesario ritmo del desfile olímpico, retando el gigantismo con un orden encomiable no peleado con la velocidad. Mis alumnos jóvenes prefieren ese orden al relajo que caracteriza hogaño esos momentos. Quién lo diría, yo también lo prefiero, pues era mejor porque dejaba apreciar a cada delegación a su entrada al estadio olímpico.

Si nos entusiasmaba el transitar de la antorcha olímpica por el suelo español, Barcelona’92 nos dejó su canto a Barcelona misma con Freddie Mercury y Montserrat Caballé, y nos legó al inmortal “Amigos para siempre” que seguimos entonando hasta hoy. A mí no me gustó del todo la mascota, Cobi, pero va, fue sumamente popular en ambas orillas del Atlántico.

Aquella magnífica ceremonia inaugural deliciosamente iniciada con las dulzainas embriagadoras, las flores corriendo por la cancha, los dignatarios debidamente colocados en un estadio olímpico restaurado de manera magnífica, con un atardecer que aminoraría las temperaturas agobiantes del verano y desde luego, con escenificaciones por todo lo alto, remataron evocando la tradición mediterránea, con el despliegue de voluntarios, el repertorio operístico, el emocionante y sublime encendido del pebetero que nos emocionó tanto y que no ha tenido hasta hoy un similar más espectacular por su originalidad y su emotividad manifiestas, conseguidas después de las banderas picassianas evocando la paz, y para presenciar luego al Príncipe de Asturias cual abanderado de la delegación española, quien como actual Felipe VI seguro que recordará aquel aplauso prolongado al contendiente español. España quedó muy en alto con sus juegos olímpicos.

Grandes recuerdos emocionados de las hazañas olímpicas de esa ocasión en aquel lejano año 92, cuando el futuro nos lo pintaban más sencillo. No puedo dejar de mencionar cuatro nombres claves para la consecución de esta sede, cimiento del deporte español contemporáneo: Maragall, Samarach, Juan Carlos I y Felipe González, pues cada quien impulsó desde su trinchera tanto a la sede, como al deporte español en su conjunto, que hoy no sería tal sin aquellos apoyos y aquel feliz suceso del 92, que España deportivamente hablando aprovechó de forma estupenda con grandes resultados desde entonces.

Eso sí, los Juegos Olímpicos de Barcelona nos recuerdan que los hizo España unida, como unida los apoyó de múltiples maneras. Por eso fueron tan espectaculares y exitosos. Es importante recordarlo en estos momentos.

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