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NOVELA

Andrea Camilleri: Un nido de víboras

domingo 20 de agosto de 2017, 19:57h
Andrea Camilleri: Un nido de víboras

Traducción de Carlos Mayor Ortega. Salamandra. Barcelona, 2017. 224 páginas. 16 €.

Por Cora Cuenca Navarrete

Como acostumbra, Salvo Montalbano abre los ojos después de una noche de onírica danza y se dirige al porche de su vivienda en el ficticio barrio siciliano de Marinella. Allí, un vagabundo harapiento de impecables modales se resguarda de la fuerte lluvia. El caso ha comenzado antes incluso de que el comisario Montalbano sea consciente de ello. Durante el café, una llamada le informa de que el perito mercantil Cosimo Barletta ha sido hallado asesinado de un disparo en la nuca en la cocina de su mansión. Se rompe ahora la cuarta pared para hablar acerca de este momento, el punto de inflexión en el que el autor de novela negra podrá decidir consagrar su obra exclusivamente a la investigación y hacer que la trama gire en torno a una víctima, siendo los personajes meros actores cuyo móvil es hallar la respuesta al quién, cómo, cuándo y por qué.

Sin embargo, ¿es ese realmente el camino que interesa al lector de Camilleri? El crimen de Barletta, un personaje repugnante y sin escrúpulos, será parte fundamental en la trama, pero más aún lo serán los miembros de la Familia Montalbano, con el propio comisario como patriarca. Porque, como los seriéfilos buscan ser testigos de la evolución (o no) de sus personajes favoritos, los lectores desean reencontrarse con la humanidad de Livia, los antipasti de Enzo o los insultos de Pasquano cada vez que abren una novela de la serie Montalbano. El humor siciliano, el mar, la gastronomía, son los ingredientes incluidos en una receta propia del mismísimo detective Pepe Carvalho. Al igual que el querido personaje del barcelonés, Salvo encarna todos los valores que tradicionalmente se han asociado al hombre mediterráneo, el mujeriego, el de lengua afilada y manos expertas, aquel cuya personalidad comporta sin embargo la dulce torpeza y la bondad que lo arrastran a situaciones de lo más peliagudo que sólo podrá resolver auxiliado por sus compinches.

La tarea del autor de género negro reside en personalizar el estereotipo y hacer uso de él, valga la paradoja, de una forma original, mientras que la del lector será reconocer las similitudes y apreciar los detalles que distinguen a los personajes, esas pequeñas pinceladas que brotan de la cultura y de las gentes que pueblan los países bañados por el Mediterráneo. Y, sin duda, uno de los rasgos que comparten autores como Markaris, Silva, o el mismo Camilleri, es el profundo conocimiento de las relaciones humanas y, por tanto, la forma de hacer que el lector se sienta identificado con los protagonistas y se solidarice con ellos, excusándolos cuando causan algún desperfecto.

En la resolución del crimen que constituye el hilo conductor de Un nido de víboras, cada cual tiene un papel definido que interpreta de principio a fin, en una presunta simpleza que permite sacar hipótesis prematuras. Sin embargo, si todo va según lo planeado por el autor, estas teorías se verán truncadas en un último giro revelador, y el lector, confiado en que había solucionado el enigma tras las treinta primeras páginas, cerrará el volumen, sonreirá, y estrechará mentalmente la mano a Montalbano, Cattarella, Livia, y todos los demás en señal de agradecimiento por el buen rato pasado.

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