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ACERTÓ DON FELIPE

sábado 26 de agosto de 2017, 19:01h
No era fácil la decisión. Había riesgo físico y no solo por parte del algún yihadista suicida. También por...

No era fácil la decisión. Había riesgo físico y no solo por parte del algún yihadista suicida. También por parte de los extremistas radicalizados que se enseñorean de muchos actos públicos en Cataluña.

Existía además un evidente riesgo político, por encima del que su padre el Rey Juan Carlos arrostró hace 36 años en la Casa de Juntas de Guernica. Los secesionistas catalanes, por poner un ejemplo, acorralaron al presidente de la Generalidad, José Montilla, en una manifestación y tuvo que salir por piernas escabulléndose por las calles adyacentes.

El Rey podía haber decidido no acudir a la marcha contra el terrorismo en Barcelona. Ningún Monarca lo había hecho hasta ahora en toda Europa. Decidió, sin embargo, enfrentarse con los riesgos. El valor físico y el moral siempre han acompañado a Don Felipe, como a su padre Don Juan Carlos, como a su abuelo Don Juan.

A pesar de tantos mezquinos desplantes en los días anteriores a la manifestación, a pesar de las voces autorizadas criticando que el Rey no es un manifestante, a pesar de algunos alarmantes informes de los servicios de inteligencia, Felipe VI decidió cumplir con lo que consideraba era su deber y se ha mantenido sereno y firme a lo largo de toda la manifestación. Un acierto, en fin, un inmenso acierto aunque haya medios de comunicación que subrayen las voces disonantes, las escasas banderas esteladas y las actitudes hostiles de unos pocos por encima de la inmensa mayoría de los barceloneses, orgullosos de que su Rey, de que su Conde de Barcelona, estuviera donde debía estar, solidarizado con el dolor del pueblo catalán. El manifiesto final que cerró la impresionante manifestación popular fue leído al alimón por la musulmana Miriam Hatibi y por la actriz Rosa María Sardá. El texto resultó a todos discreto y emotivo, cerrado por la música al violonchelo, El canto de los pájaros, de Pau Casals.

Jaime Alfonsín no solo es un excelente Jefe de la Casa del Rey. Tiene el reconocimiento general como hombre muy inteligente, especialmente discreto, políticamente sagaz, con los pies puestos sobre la realidad. Sabe que el Rey debe ganarse la Corona cada día y que los nuevos tiempos han traído nuevas exigencias. La actual Monarquía española no puede ser la de Felipe II ni la de Carlos III ni la de Juan Carlos I. Manteniendo su esencia tradicional, debe adaptarse obligadamente a los tiempos nuevos de la Edad Digital. El acierto, qué inmenso acierto, de la presencia de Felipe VI en Barcelona señala el camino que debe seguir el nuevo reinado porque el Rey está para el pueblo, no el pueblo para el Rey, que “el reinar es tarea -escribió Francisco de Quevedo-, que los cetros piden más sudor que los arados, y sudor teñido de las venas; que la Corona es el peso molesto que fatiga los hombros del alma primero que las fuerzas del cuerpo; que los palacios para el príncipe ocioso son sepulcros de una vida nueva, y para el que atiende son patíbulos de una muerte viva…”