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PABLO IGLESIAS NEGOCIA LA MOCIÓN DE CENSURA

martes 29 de agosto de 2017, 13:04h
El líder podemita piensa que tal vez no se presente una situación tan clara para encaramarse en el poder. En el Congreso...

El líder podemita piensa que tal vez no se presente una situación tan clara para encaramarse en el poder. En el Congreso de los Diputados, 180 escaños están contra Rajoy y 170 le respaldan. La moción de censura puede salir adelante con Pedro Sánchez como presidente y Pablo Iglesias como vicepresidente.

En casa de Jaume Roures, según informa El Confidencial, Pablo Iglesias ha persuadido a Oriol Junqueras para que apoye la moción de censura. Pedro Sánchez no está dispuesto a negociar con los secesionistas catalanes pero sí a aceptar que “de forma espontánea” le voten para desarzonar a Mariano Rajoy del caballo monclovita. De forma enmascarada, Pablo Iglesias lleva mucho tiempo negociando el apoyo de las distintas agrupaciones secesionistas y de extrema izquierda con el fin de constituir el Frente Popular ampliado que necesita Pedro Sánchez para instalarse en el palacio de la Moncloa.

Está claro que Pablo Iglesias es el árbitro de la moción de censura. A ella aporta, además de sus diputados, los de otros grupos para formar la mayoría absoluta que exige la operación.

Naturalmente, hay un do ut des. Oriol Junqueras se ha mostrado favorable a apoyar las ambiciones de Pablo Iglesias pero le exige como contrapartida que las gentes de Podemos acudan a votar en el referéndum. Teme una asistencia escasa, suponiendo que la convocatoria prospere, y los podemitas podrían maquillar el porcentaje de votantes.

Así están las cosas mientras casi nadie sabe lo que va a hacer Mariano Rajoy, aparte de anticiparse a la moción de censura, si se pusiera en marcha, disolviendo las Cortes y convocando elecciones generales. Por lo pronto, seguirá en el golpeo jurídico contra el secesionismo catalán. La carta que guarda en la manga, según los colaboradores cercanos al presidente, la tendrá que exhibir en poco tiempo, con la esperanza de que no ocurra como en la manifestación de Barcelona, donde le tomaron el pelo, al perder la iniciativa de contrarrestar lo que se venía encima.