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LOS SEDICIOSOS, A LA CÁRCEL

sábado 09 de septiembre de 2017, 18:07h
Siempre he creído en lo que me decían con alarma intelectuales y empresarios catalanes...

Incontables reproducciones y comentarios se produjeron en las redes sociales en torno a este artículo de Luis María Anson, publicado en el diario El Mundo y que reproducimos a continuación.

Siempre he creído en lo que me decían con alarma intelectuales y empresarios catalanes: “El Gobierno debe tener especial cuidado en no crear mártires en Cataluña. Meter en la cárcel a un político destacado provocará la reacción pública en su favor. Se habrá engendrado un mártir y eso es lo peor que podría ocurrir en estos momentos”.

A lo largo de los últimos años he defendido esa posición. Inhabilitación y multas significan reprobación pero no crean mártires. Era la fórmula que me parecía más adecuada. Pero de poco ha servido tanta prudencia. La voracidad cerril de los dirigentes secesionistas de Cataluña, unida a la lenidad del Gobierno, a la cachaza de Rajoy, a la torpeza política de no prever lo que iba a ocurrir, han conducido al pueblo español a la situación límite que ahora padecemos. Aunque convenga mantener siempre la esperanza de una negociación, ha llegado la hora de terminar con las medias tintas, las veladuras y los tapujos. Hace dos meses me lo advirtió un prestigioso magistrado: “La situación actual exige que la Policía Nacional y la Guardia Civil pongan a disposición judicial a los diez o doce dirigentes políticos catalanes que están cometiendo delito de sedición y que preparan abiertamente un golpe de Estado”.

Es necesario, en fin, que actúen los jueces y sentencien si consideran que existe o no delito en los dirigentes de la aventura secesionista decidiendo las penas de prisión correspondientes. El Gobierno terminará por enfrentarse a un clamor de la opinión pública española para que paguen sus tropelías en la cárcel los políticos catalanes que preparan un golpe de Estado, que presuntamente están cometiendo delito de sedición y que pretenden la fractura de la unidad de España a través del despropósito de un referéndum bananero. Que se liquiden 500 años de unidad nacional a manos de Carlos Puigdemont, Oriol Junqueras y el pobre Arturo Mas, es un disparate propio de mentes desquiciadas.

Recuerdo una reunión de la Trilateral, hace 40 años, en la que Pedrol Ríus se extendió en explicarnos la significación real de la cárcel y el derrumbamiento psicológico que supone para la mayoría de los delincuentes. “Casi todos se reblandecen y terminan cantando la palinodia”, nos dijo el entonces presidente del Colegio de Abogados.

Las inhabilitaciones sirven para poco; las multas sí hacen daño, pero se pagan por suscripción colectiva o pública. Los dirigentes del secesionismo catalán han llegado a tal extremo que es necesario ponerlos a disposición del juez. El horizonte de largos años de cárcel acongojará a los soberanistas y evitará en el futuro, al menos en parte, el escarnio que está padeciendo la nación española. ¿Tiene idea Rajoy de la vergüenza nacional que supone la vejación permanente del sentimiento español a cargo del delirio secesionista, los insultos a España, las broncas al Rey, la burla de la Constitución y el desprecio a todo lo español, empezando por el idioma de Cervantes y Neruda, que ocupa el segundo lugar en el mundo? Con una política seria de previsión se habría evitado el denigrante espectáculo que contemplamos. Todos los Gobiernos tienen culpa en el desaguisado catalán, sobre todo los de Zapatero y Rajoy.