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QUÉ VERGÜENZA

domingo 01 de octubre de 2017, 20:53h
La imagen de la España democrática ha quedado arrasada tras la jornada vivida en Cataluña. ¡Qué vergüenza!...

La imagen de la España democrática ha quedado arrasada tras la jornada vivida en Cataluña. ¡Qué vergüenza! Infinidad de españoles se han sentido abochornados por lo que han presenciado a través de la televisión. Después de cuatro décadas de ejemplar ejercicio democrático todo se ha deteriorado.

El responsable de lo ocurrido tiene nombre: Carlos Puigdemont, auxiliado por Oriol Junqueras y el pobre Arturo Mas. El presidente de la Generalidad, que es un mequetrefe y un político de tercera división, decidió saltarse la ley y lo ha hecho de la forma más burda y grotesca. La jugarreta perpetrada por Carlos Puigdemont es incalificable. Ha engañado a una parte del pueblo de Cataluña y se ha comportado como un enloquecido insensato.

Frente a los despropósitos de Carlos Puigdemont, Oriol Junqueras, el pobre Arturo Mas y sus cómplices, el Gobierno ha respondido con prudencia y con proporcionalidad, tal vez con demasiada proporcionalidad. Excelente actuación profesional de la Guardia civil y la Policía Nacional y discreta solamente la de los mossos d’Esquadra, ambiguamente dirigidos por su mayor, que se ha situado en la frontera del delito.

El Gobierno no ha sido capaz de desbaratar por completo el referéndum. Y aunque sin la menor garantía democrática, muchos millares de personas han votado con papeletas en las urnas opacas. Inútil negar esa realidad. La afirmación de Mariano Rajoy de que no habría referéndum se ha cumplido al 80% pero no al 100%. Resulta lamentable, por cierto, que el Ministerio del Interior no publique una relación de los heridos con la dimensión de sus lesiones. Y que se deje zarandear por la propaganda secesionista.

Para España y para las naciones democráticas de nuestro entorno todo lo sucedido en la jornada del domingo -un intento de golpe de Estado- ha sido una vergüenza sin paliativos. ¿Adónde, adónde hemos llegado? La política seria consiste en prevenir no en curar. Aquí no se ha previsto nada y la terapia para curar al enfermo ha dejado en el relato de la Historia la imagen indeclinable de la vergüenza.