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EPPUR SI MUOVE

Las armas más devastadoras

martes 07 de noviembre de 2017, 20:36h

Ha vuelto a pasar. “Las armas son instrumentos para matar y los Gobiernos permiten que la gente las fabrique y las compre, sabiendo perfectamente que un revólver no puede usarse en modo alguno más que para matar a alguien”. La frase en cuestión es de Giovanni Papini, un escritor que a buen seguro no es muy popular en la Asociación Nacional del Rifle. De hecho, allí pocos libros se ven, salvo los manuales de instrucciones del último fusil de asalto adquirido por alguno de sus múltiples integrantes. Por ejemplo, el AR-15. Se trata de un fusil de combate utilizado por el ejército en Irak o Afganistán, y que cualquier ciudadano norteamericano puede adquirir legalmente por apenas 450€.

Precisamente un AR-15 fue lo que usó el asesino de Texas para asesinar a 26 personas este pasado fin de semana. Cosas así se repiten con demasiada frecuencia en país donde una norma aprobada en 1791 da patente de corso a quienes hacen de la muerte su negocio. Así, la Segunda Enmienda de su Constitución dispone que “siendo necesaria una Milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar Armas no será infringido”. Hoy, en 2017, mueren tres personas cada hora por arma de fuego, y el debate sigue en la calle.

Por más que resulte incomprensible para muchos a este lado del Atlántico, son muchos los norteamericanos que abominan de las armas pero que, sin embargo, ven en una mayor regulación de las mismas un ataque a sus derechos civiles. Su derecho a portar armas nada tiene que ver con el mal uso que hagan algunos de ellas; y además, un ciudadano de bien que vaya armado puede defenderse de un ciudadano de mal también armado. Es una “lógica” a la que muchos se aferran para querer dejar las cosas como están, mientras que otros abogan más por el sentido común.

Es cultural. Igual que el tema sanitario. Aquí, por fortuna, concebimos la sanidad como un derecho universal, donde tanto ricos como pobres tengan acceso a las mismas prestaciones. En Estados Unidos, en cambio, usted sólo podrá tener la sanidad que se pueda permitir, y más le vale no enfermar de cáncer con un seguro de andar por casa. Es algo que en Europa cuesta entender de la sociedad norteamericana: barra libre de armas y sanidad sólo para ricos. Hay, es verdad, un debate social sobre estos dos aspectos, pero no lo suficiente como para lograr cambio alguno. Es más, dos de los fracasos más notorios de Obama fueron su fallida reforma sanitaria y el intento de regular la tenencia de armas de fuego.

Quizá sea la distancia lo que permita ver las cosas con claridad. No es una cuestión ideológica, sino de sentido común: las armas matan. A mayor facilidad de tenerlas, más posibilidades de que haya muertes. A principios del pasado año, un niño de dos años mató a su madre al dispararse el revólver que le había arrebatado del bolso mientras iban en el coche. “Accidentes” de este tipo ocurren con tanta frecuencia por una sola razón: todo el mundo puede disponer de un arma. Con todo, lo verdaderamente peligroso no es un rifle de asalto, sino las posibilidades casi ilimitadas que tiene cualquier desalmado para poder hacerse con uno. Y esas posibilidades son en sí mismas armas devastadoras.

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