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TRIBUNA

Inmigración desbordada

martes 05 de diciembre de 2017, 20:15h

Cuatro años de cárcel por robar medio pollo. Con este titular se daba una noticia en la primera página de un periódico regional hace unos días. Lo primero que piensa la gente, al leer dicha noticia, es ¡cuánta injusticia!, ¡pobre hombre!, ¿cuatro años de cárcel por robar medio pollo? Pues, no. Ese titular tan sólo era un reclamo fácil en primera plana para atraer la atención y captar lectores que compren el periódico. Si vamos luego a las páginas interiores, donde se amplía dicha noticia en letra pequeña, leemos lo siguiente: El acusado acudió a una carnicería, dio un puñetazo en la cara al propietario, robó medio pollo e increpó con un hacha al carnicero amenazándole con un “te voy a matar”. En resumen, la condena penal impuesta había sido por un robo con violencia y amenazas, un delito de daños y maltrato de obra. Como se ve, la pena no ha sido impuesta sólo por robar medio pollo, sino por todo lo demás que luego se explica en letra pequeña. Hubiera sido mejor y más ético, informativamente hablando, por parte del profesional que se dedica a dar tales noticias, poner en primera página el siguiente título: Cuatro años de cárcel por daños y amenaza de muerte con un hacha. Si se desvirtúan los hechos, dando noticias a medias o, como ahora se dice, a través de la posverdad encubierta, ello conduce a opiniones falsas inducidas con engaño o, por lo menos, sin decir toda la verdad en su inicio por meros intereses comerciales o de mayor venta al público.

Compadezco a los jueces y fiscales que no pueden siquiera descansar ni un momento con tanto ajetreo de múltiple y continuada delincuencia. Pues, resulta que en lugar del gordo de la lotería de Navidad, les ha tocado bregar con la delincuencia diaria que no cesa. Antes, existía un semanario que se hizo famoso, tanto en su título como en su contenido, especializado en crímenes y episodios trágicos, que tuvo gran éxito entre los lectores aficionados a seguir las pesquisas de los delincuentes de más renombre. Actualmente, casi la mitad de las noticias son sucesos de tipo penal, tanto en los medios de comunicación escritos como en los noticiarios televisivos y de radio, llenándose diariamente sus páginas con el contenido de delitos cometidos por autores y cómplices del más variado pelaje. Entre políticos corruptos y disidentes felones, asesinos y maltratadores de violencia de género, mafias y grupos criminales, etc., ya sólo nos faltaba esa multitudinaria masa de gente que ha llegado a nuestro país con el efecto “llamada” , creyendo que aquí encontrarían la tierra prometida y los billetes de quinientos colgados de las farolas y árboles, cuando en realidad luego se han de dedicar a robar jamones y pollos para mitigar la hambruna; pues, como todo el mundo sabe, aquí no hay trabajo para todos, ni siquiera para los propios ciudadanos nativos de España, muchos de los cuales tienen que emigrar a otras tierras para poder encontrar un trabajo.

Si seguimos así, pronto no será suficiente el presupuesto nacional para poder alimentar tanto recluso en nuestras cárceles, que ya no dan abasto. Es más, si se atienden las exigencias de ciertos ejecutores de la Justicia que, como en el caso de Bruselas donde se sigue el procedimiento de extradición de Puigdemont y los exconsellers que le acompañan, han pedido para ellos un tratamiento de prófugo VIP, entonces, al tener que equiparar a los demás reclusos por no discriminación entre los presos, todos ellos van a exigir, con urgencia, cárceles de cinco estrellas y comedores gourmet con calificación de estrellas Michelin. Con tales exigencias y pretensiones, se estará mucho mejor en la cárcel que, por supuesto, en la calle pasando frío y teniendo que robar para poder comer.

Al final de aquella noticia con la que hemos empezado este escrito, se indica que el condenado a cuatro años de cárcel no tendrá que cumplir esa pena, pues, al ser un inmigrante en situación irregular en España, se suspende el cumplimiento de la pena de prisión y se procederá a su expulsión con una prohibición de regreso a nuestro país durante diez años. Sin embargo, lo más incierto de todo ello es saber si efectivamente se va a llevar a término dicha expulsión, pues tal situación, lo mismo que sucede con lo de Puigdemont, se puede ir dilatando en el tiempo mediante recursos y procesos judiciales en defensa de los supuestos derechos fundamentales, que van estirándose como un chicle, e incluso, en el caso del “robapollos”, mediante abogado de oficio y justicia gratuita, que pagamos entre todos, al ser una persona sin medios económicos. Véase, sino, cuantos miles de personas con una orden de expulsión de España continúan todavía por aquí sin ejecutarse dichas órdenes, entre otras razones, por la sangría del dinero público que cuesta al Estado el tener que cumplirlas. Mientras tanto, ante la roedora hambruna, no hay más remedio que seguir robando jamones y pollos, pues ni siquiera las benéficas ONG, ni Caritas, ni entidades públicas ni privadas de asistencia social, por mucho presupuesto que gasten, pueden poner fin a la miseria de este mundo globalizado, una vez acortadas las distancias geográficas entre el Tercer Mundo y los países desarrollados, sin existir ya diferencia alguna a la hora de conseguir un smartphone para guiarse mediante el GPS a tierras más prósperas. Ahora más que nunca resulta ciertamente real el dicho popular de que “el mundo es un pañuelo” y, por cierto, en muchos aspectos no muy limpio moralmente. Ni la prometida muralla de Trump, ni las vallas en las fronteras, ni cualquier tipo de freno, podrán impedir las avalanchas de la inmigración continua.

Por cierto, todo lo expuesto desmiente las palabras del Presidente Rajoy en la última cumbre de países europeos y africanos en Costa de Marfil, recientemente celebrada, donde dijo que España todavía puede con la cantidad de inmigración que nos llega, cuando en realidad no bastan ya los centros de internamiento de inmigrantes, para cubrir las necesidades de los miles y miles llegados a nuestras costas, y tienen que recurrir luego a las últimas cárceles construidas en España para su internamiento ante las quejas de propios y extraños que dicen que las cárceles no son para tales menesteres, al confundir a inmigrantes con presos delincuentes, o viceversa. ¡Vaya pollo, o poyo, que se ha montado!

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