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RAJOY, EN VÍSPERAS DE UNA ENCUESTA DEMOLEDORA: 27,1% DEL VOTO PARA CIUDADANOS; 23,2% PARA EL PP

viernes 12 de enero de 2018, 14:00h
La cachaza habitual que preside la actividad monclovita se ha alterado hoy por las noticias filtradas de encuestas demoledoras...

La cachaza habitual que preside la actividad monclovita se ha alterado hoy por las noticias filtradas de encuestas demoledoras que cuartean la posición del Partido Popular tanto para las elecciones autonómicas y municipales como para las generales.

A pesar de la cercanía de El País con Soraya Sáenz de Santamaría, temen en Moncloa que el periódico se despache con una encuesta que arrasa al Partido Popular, tras la debacle sufrida en Cataluña. En el CNI empiezan a recopilar datos similares. Y no es que Ciudadanos recorte distancias con el Partido Popular. Es que Albert Rivera roza a Mariano Rajoy. Incluso hay una encuesta de Metroscopia, a la que me he referido antes, en la que le sorpassa: 27,1% del voto para Ciudadanos y 23,2% para el Partido Popular.

Pedro J. Ramírez se ha despachado ya con la información de un sondeo según el cual el Rajoy de los 186 escaños de 2011, el de los 137 escaños de 2016, se queda en 97, mientras Ciudadanos se encarama en los 86.

Algunos dirigentes del PP, que mantienen los pies sobre la realidad, consideran que es necesario abandonar la pasividad, dejar a un lado la posición defensiva y salir abiertamente al ataque electoral. Se necesitan cuadros jóvenes, nombres renovados y no contaminados, y presentar la cara más positiva del PP, enviando al desván del olvido a gentes que hicieron tal vez una gran labor pero que están amortizadas.

Si las encuestas que se avecinan responden a la realidad y se equilibran los escaños entre el Partido Popular y Ciudadanos, el número de votantes para que el PP consiga un escaño se duplicará sobre los que necesitó en el año 2011. Y la mayoría prevista hace un par de meses con la suma de diputados de ambos partidos de centro derecha se quedará lejos de la absoluta. Se comprende, en fin, la preocupación que embarga a los máximos responsables monclovitas, tras el estrepitoso desastre de las elecciones catalanas.