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EPPUR SI MUOVE

Donald Trump y el Ku Klux Klan

miércoles 14 de febrero de 2018, 20:03h

Hace pocos días moría en el hospital penitenciario de Mississippi Edgar Ray Killen, destacado miembro del Ku Klux Klan. Él fue quien inspiró la magnífica Arde Mississipi de Alan Parker, película que retrata de un modo tan crudo como brillante la depravación racista de este grupo durante los años 60. Inicialmente, el Klan lo forma en el siglo XIX un grupo de oficiales confederados que, tras perder la guerra Civil norteamericana, se “entretiene” dando palizas y vistiéndose con sábanas blancas y capirotes. Lejos de convertirse en un patético anacronismo, han ido perdurando desde entonces con más o menos presencia. Ni queman ya cruces ni ahorcan a negros, aunque muchos de sus miembros -si no todos- seguro que sienten añoranza por estas “prácticas”.

De ahí que resulte inquietante que uno de los primeros en celebrar públicamente la elección de Donald Trump fuese el líder del Ku Klux Klan. Nada extraño, por otra parte. Trump es inculto, maleducado, xenófobo, machista y provocador, “valores” todos ellos muy del gusto del klan. Con una diferencia: no se esconde. En efecto, ya sea por exhibicionismo o inconsciencia, lo cierto es que el presidente norteamericano jamás escurre el bulto. Gustará más o menos pero va de frente, se le ve venir.

¿Le interesa a Rusia que un tipo semejante ocupe la Casa Blanca durante 4 años? Hay quien lo cree así. Puestos a elegir, Putin preferiría un presidente de Estados Unidos corrientito, que le incomode lo mínimo. Se ha vendido la idea de que justo por eso Moscú interfirió en las elecciones norteamericanas para que Hillary Clinton perdiera. Tengo mis dudas. Me consta que los rusos son concienzudos a la hora de investigar a sus adversarios -herencia soviética-. Y a buen seguro, los informes de Trump sugieren que es algo más que la histriónica caricatura en que muchos quieren convertirle.

Hillary Clinton era la candidata del establishment; mejor dicho, de varios establishment. Mujer hecha a sí misma, inteligente y talentosa, aportaba sus cualidades personales y su experiencia política. Contaba con el apoyo de buena parte de la prensa, el lobby LGBT, las feminazis, varias celebrities y un nutrido sector de la intelectualidad imperante. Trump, en cambio, era apenas un bocazas sin más méritos que haber heredado una cuantiosa fortuna. Entonces, ¿El resultado electoral es un fraude, o resulta que hay mucho votante botarate? Ni lo uno ni lo otro.

Pese a ser inculto, agresivo, maleducado, xenófobo, machista y provocador, Trump obtuvo el apoyo de 63 millones de electores. ¿Cómo se explica? Ocurre que también es un hombre eminentemente práctico. Los principales indicadores señalan que la economía norteamericana marcha cada día mejor. Israel, única democracia de Oriente Medio, recupera el rol de aliado preferente que de forma incomprensible -o quizá no tanto- le había escamoteado Obama. Y “adalides de los derechos humanos” como Corea del Norte, Venezuela, Irán, Rusia o China se han puesto nerviosos, sabedores de que ahora hay quien les va a decir las cosas de cara. Así, hay mucho estadounidense de a pie no necesariamente iletrado-también negros, también hispanos, también musulmanes, también mujeres- que decidió rebelarse contra un estado de cosas demasiado sospechoso y recuperar el legítimo “America first”.

Me repugna sobremanera el Ku Klux Klan viejo. Pese a ser apenas cuatro infelices -felizmente-, sigue siendo un lamentable anacronismo a extinguir. Temo más, en cambio, a ese otro nuevo Klan progre por numeroso, visible y excelentemente financiado -George Soros-y que está haciendo un daño terrible a la sociedad global. Van a más. Con su adoctrinamiento en ideología de género y la demonización de quienes no piensan como ellos se han convertido en la nueva inquisición del siglo XXI. Y uno de sus objetivos es Trump.

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