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TRIBUNA

Forges, Tápies y ARCO

martes 27 de febrero de 2018, 20:25h

Este pasado domingo echaba el cierre ARCO, en Madrid. De esta edición, amen de un buen montón de bodrios, destacan dos polémicas: el plante a los Reyes de la alcaldesa Manuela Carmena y la censura - con marcha atrás- de una “obra” en la que se retrataba a presuntos delincuentes catalanes tildándoles de “presos políticos”. Nada nuevo, por otra parte. ARCO es esa cita donde conviven geniales creadores de vanguardia con pícaros -en el sentido más español de la palabra; me resisto a llamarlos “artistas”- que perpetran cosas infumables. Lo peor es que hay quien las compra. No puedo evitar pensar en Antoni Tapies cada vez que hablo de estos segundos.

De él se ha destacado el “marcado sentido espiritual de su obra, donde el soporte material trasciende su estado para significar un profundo análisis de la condición humana”. ¿Suena bien, verdad? Otra cosa es que se entienda. Particularmente, un aspa garabateada sobre arpillera y un trozo de madera no me inspira demasiado. Pasa lo mismo con el resto de sus “creaciones”. Imagino a los pobres operarios de los distintos museos donde el finado ha expuesto a la hora de colocar sus cuadros. Más de una vez ha pasado en ARCO; “obras” que van a la basura pensando que son eso, basura; otras en las que el autor ha de estar presente para indicar cómo han de situarse, etc. El tema, sin embargo, viene de lejos. Cuando el MOMA de Nueva York adquirió en 1961 Le Bateau, de Matisse, lo colgó al revés, y así estuvo casi dos meses hasta que alguien se dio cuenta. Durante todo ese tiempo, más de 12.000 personas lo contemplaron sin observar nada extraño.

Y eso que Le Bateau es una obra sumamente original, digna del genio que la pintó. En los grandes artistas, esa misma genialidad ha trascendido lo meramente pictórico, imbuyendo el resto de sus trayectorias vitales de una aureola especial. El prior de Santa Maria delle Grazie escribió a Ludovico el Moro para quejarse de la actitud de Leonardo da Vinci y los escasos progresos que hacía en La Ultima Cena. Durante más de un año, el autor esquilmó las bodegas del priorato hasta dar con un vino que tuviera el color óptimo. En ese mismo tiempo, arrambló también con la despensa de los pobres frailes, que veían cómo los modelos de Leonardo se ponían tibios con los manjares que el propio Leonardo cocinaba, conformándose después con tomar notas mientras los “discípulos” se daban a la gula con fruición. Aún así, nadie negará que el resultado bien mereciera la pena.

Cuentan que, en cierta ocasión, unos alemanes contemplaban el Guernica en presencia de Picasso. A uno de ellos se le ocurrió preguntarle: “¿Esto lo ha hecho usted?”. La respuesta del malagueño debió dejarle de unja pieza: “esto lo han hecho ustedes”. No se conocen genialidades semejantes de Tapies, ni creo que vayan a conocerse. Pero ojo, el tipo en cuestión tiene un mérito indudable, cual es el de haber logrado vender obras suyas por un potosí, y hacerse un nombre dentro de la historia del arte. Personalmente, me quedo con un genio que nos dejaba coincidiendo con esta edición de ARCO: el gran Forges. Él sí que era un artista contemporáneo genial, cuyas viñetas plasmaron fielmente la tontería hispana. De todo lo anterior habría hecho unas cuantas, a cual mejor.

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  • Forges, Tápies y ARCO

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    7527 | Pontevedresa - 27/02/2018 @ 20:54:06 (GMT+1)
    Me ha gustado su artículo y coincido plenamente que algunos de los llamados artistas más le valdría llamarse cuentistas, y me estoy refiriendo a la opinión que le merece Tapiès, sus alambres revueltos nunca he podido entender como se considera ARTE porque hacer algo así está al alcance de cualquiera, como lo están pixelar unas fotos de mala gente, de golpistas, agresores, etc. y darse la paradoja que los califica ese supuesto artista, para mí cuentista y provocador, nada menos que de presos políticos. Forges sí que era un artista con su humor y sus viñetas maravillosas.

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