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TIRO CON ARCO

El humor como cortocircuito

Dani Villagrasa Beltrán
lunes 02 de abril de 2018, 19:57h
Como estamos en guerra -cultural, eso sí-, lo estamos perdiendo. El humor es el mayor logro de la comprensión humana y funciona gracias a unos mecanismos tan complejos y sutiles que abarcan todo el espectro humano desde la punta hasta la barriga del iceberg, todo el consciente y el subconsciente, la cara que mostramos y la que queremos ocultar. El humor es una de las principales herramientas de cohesión, y por eso no gusta a los dogmáticos que abren nuevos frentes sociales. Sabemos quienes somos los que nos reímos de las mismas cosas, sin necesidad de que nadie nos explique el chiste.

Los humoristas son los filósofos más arriesgados, y así lo demuestra la seriedad con la que siempre hablan de su arte. El más complejo entramado del pensamiento se viene abajo con un chiste, si da en el clavo adecuado, si detecta la brecha definitiva.

Ya lo he dicho. El humor es el último estadio de la civilización. Nos iguala. Valle-Inclán pone a hablar en su esperpento de Los cuernos de Don Friolera a don Manolito y don Estrafalario, sobre el humor: don Estrafalario no es partidario de la risotada del diablo ante el género humano que acaba de ver en un cuadro, porque delata una comprensión demasiado cercana: “No crea usted en la realidad de ese Diablo que se interesa por el sainete humano y se divierte como un tendero. Las lágrimas y la risa nacen de la contemplación de cosas parejas a nosotros mismos, y el Diablo es de naturaleza angélica. ¿está usted conforme, Don Manolito?” Valle habla a través de don Estrafalario cuando condena el drama clásico español y su honor calderoniano, que “tiene toda la antipatía de los códigos, desde la Constitución a la Gramática”. A partir de ahí, ya sólo queda el esperpento: una superación del dolor y la risa, “como deben ser las conversaciones de los muertos al contarse las historias de los vivos”.

Toda esto a cuenta del enésimo caso de indignación en el ampuloso mundo de agravios en que se ha convertido la opinión pública en los tiempos de Twitter. Un guionista de la serie ‘Allí abajo’ ha hecho un chiste sobre andaluces -no tenía mucha gracia, la verdad- y los indignados -¿He escrito ‘los indignados’?- han emprendido una furibunda campaña para pedir su despido inmediato. No es una anécdota, es lo cotidiano. En los tiempos de la manipulación del odio social el humor puede ser un cortocircuito.

De las formas del humor nos queda la ironía, tan vigente en Twitter, que tiene un trasfondo de amargura y de paraíso perdido. La mirada de lo que pudo y no pudo ser.
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