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TRIBUNA

Portugal y España

sábado 21 de abril de 2018, 19:03h
Portugal ha sufrido multitud de incendios el pasado año con una enorme cantidad de siniestros en su entorno físico, mientras España está sufriendo actualmente multitud de incendios, analógicamente hablando, en cuestiones de política y de otras circunstancias sociales de la más variada índole. Basta con abrir las páginas de cualquier periódico o escuchar o ver cualquier medio de comunicación social, en los que el noventa por ciento de las noticias no conducen a ninguna cuestión pacífica, sino todo lo contrario. Discusiones políticas con desencuentros que nos conducen a graves consecuencias de todo tipo, cuyos responsables tienen la intención de hacer caer a su contrincante o, peor aún, a eliminar de su entorno a algún compañero de su propio partido mediante el afilamiento de cuchillos de traición a fin de no errar en la estocada. Discusiones de orden político que no conducen a buen puerto, hasta el extremo de llegar a todo tipo de movilizaciones y manifestaciones exigiendo la libertad de los que se autodenominan presos políticos, sin querer enterarse ni saber nada de lo ocurrido gracias a su inefable gestión política que ha conducido a las desavenencias nacionalistas con tintes independentistas contra el Estado, fomentando el odio furibundo entre los ciudadanos y destrozando la unidad de España, mientras luego se hacen las víctimas ante la propia Justicia de la que intentan zafarse. Manifestaciones contra la política económica del Gobierno, que ha mantenido durante años a la ciudadanía en cueros tras la crisis económica que nos dejó Zapatero, especialmente por lo que se refiere a ciertos grupos más necesitados como los jubilados que ya no pueden aguantar con las pensiones de miseria.

Otros, que no dejan de mirarse el ombligo, anunciando en sus manifestaciones que España nos roba, cuando tales voceros dilapidan a mansalva el dinero público en cortijos particulares de multiculturalismos, en los que no pueden entrar quienes no pertenecen a los de la misma cuerda, mediante asociaciones de carácter exclusivista que fomentan lo que ellos mismos consideran la cultura progre, confundiendo la libertad de expresión con el insulto por doquier y el deporte con el patriotismo nacionalista (pronto oiremos de nuevo las andanadas en la final de la copa de fútbol del Rey). A todo ello, se añaden las deplorables acciones delictivas que diariamente nos recuerdan la violencia de género que no cesa, la cantidad de homicidios y asesinatos, robos, tráfico de drogas, blanqueo de capitales y demás delitos comunes, que se añaden a los de los autores más pijos, de cuello blanco, y de los políticos que actúan malversando fondos públicos y abusando de la confianza que los ciudadanos les confiaron en la administración y gestión de la res pública, y otras tantas aberraciones más. De verdad que ni las fuerzas del orden público, ni los jueces ni fiscales, ni las cárceles dan ya abasto a tanta podredumbre, detrás de la que se gasta buena parte de nuestro presupuesto público.

A todo ello, me han parecido sugerentes y muy estimulantes las acertadas palabras del Presidente de la República Portuguesa, Marcelo Rebelo de Sousa, en su visita oficial a España, cuando ha dicho ante el Rey Felipe VI que desea más colaboración, más comprensión, más apoyo; pero, sobre todo, más cultura y más educación. Sólo mediante los valores éticos y, en general, requiriendo más cultura, más educación y más comprensión mutua, no sólo entre ambas naciones España y Portugal, sino especialmente entre los propios ciudadanos españoles y las regiones que conforman España, podremos salir de ese atolladero. Frente a aquella España de la década de los setenta y ochenta del pasado siglo, que respiraba aires de esperanza y optimismo con ganas de recuperar el tiempo perdido, tras cuarenta años de dictadura; frente a aquellos tiempos en que los españoles suspiraban y anhelaban por fundamentar una democracia real y duradera en España, nos hemos pasado a otra España que retorna a los problemas de siempre con divisiones y odios entre los propios ciudadanos y entre los partidos políticos, enfrentados para conseguir el poder sea como fuere, entre los que no miran ya ni se interesan por nuestra Constitución que nos devolvió la democracia, sino que, por el contrario, tenemos a muchos políticos actuales, que ni siquiera vivieron la época de la dictadura franquista, que entonan otra vez las memorias de la II República, en esos días que muchos han celebrado el aniversario de su proclamación, el día 14 de abril de 1931, como si fuera la panacea para arreglar nuestra España actual, volviendo a las antípodas. En definitiva, el mundo es una noria y siempre habrá quien intente darle vueltas al revés. Esperemos que no volvamos otra vez a las andadas que ya reflejó Goya, quien sí vivió momentos transcendentales y difíciles en nuestra España, recordando aquella pintura suya en que dos ciudadanos se lían a mamporros el uno contra el otro. Por cierto, no sé lo que le pasaría a la Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, para no levantarse de su silla en el momento de hacerle entrega de la llave de oro de la Ciudad al Presidente de Portugal. Espero que éste no se lo tomara a mal, dada su ansia para conseguir una mejor educación, conforme nos dijo en su discurso, pues al fin y al cabo es todo un caballero con gran honor, además de un gran estadista.
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