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MARAÑÓN Y LA ZARZUELA

sábado 28 de abril de 2018, 10:10h
Languidecía el Teatro Real. La ópera ocupaba un lugar segundón en la vida intelectual madrileña. Se programaba tarde y mal...

Este artículo de Luis María Anson, publicado en el diario El Mundo, ha tenido amplio eco en las redes sociales. Lo reproducimos a continuación:

Languidecía el Teatro Real. La ópera ocupaba un lugar segundón en la vida intelectual madrileña. Se programaba tarde y mal. Solo la afición musical se mantenía con nervio en medio de la decadencia de nuestro Teatral Nacional de Ópera.

Y llegó Gregorio Marañón. Discreto, dialogante, sin aspavientos, conocedor profundo de lo que se hacía en Europa y en Estados Unidos, el nuevo presidente, célebre por su mano izquierda y su capacidad para la negociación, cambió el rumbo al timón del Teatro Real. Jugó serenamente el órdago de incorporar a Gerard Mortier, que era el revulsivo necesario, el hombre que nos trajo el Mahagonny de Brecht y Weill. Se encendió la polémica. Volvió a vibrar el debate sobre la ópera. Se incendiaron los comentarios, favorables unos, hostiles otros, pero el acierto global resultó innegable. Gregorio Marañón había triunfado y el Teatro Real volvió a tensar el nervio de la vida intelectual madrileña, superando las ridículas exigencias de esa alta vida social que tantas veces ha empozoñado la llamada de la música. Al Teatro Real se va a disfrutar de la ópera, no a presumir de elegantes. La música en el Real no es un cóctel de la alta sociedad sino la expresión más sobresaliente de la vida intelectual.

Mortier consiguió que se modificara la situación y Gregorio Marañón volvió a acertar con García-Belenguer y también con Joan Matabosch, que es hombre con los pies puestos en la última vanguardia y las manos asentadas en el circuito tradicional de las óperas que vertebran los siglos XVIII, XIX y la mitad del XX.

En casi toda Europa, las artes líricas están integradas. En España, tenemos la maravilla de la zarzuela, no suficientemente conocida fuera de nuestras fronteras y con arias, dúos y romanzas de la más alta descarga musical. Plácido Domingo, el primer nombre de la historia de la música en España, ha explicado muy bien la significación de la zarzuela, que es el antecedente, por cierto, del éxito de los musicales en el mundo.

Gregorio Marañón sabrá negociar con los sindicatos para que no se menoscabe el derecho de los trabajadores y se limen las aristas inevitables en todas las fusiones. No hay absorción sino igualdad. Para España, para la defensa del patrimonio musical, era necesaria, era imprescindible, la fusión del Teatro Real y el Teatro de la Zarzuela en una Fundación que acierte a respetar los derechos y la identidad de ambas instituciones.