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EPPUR SI MUOVE

ETA quiere seguir

viernes 04 de mayo de 2018, 20:37h

ETA proclama haberse disuelto aunque, como todo en la banda nacionalista, es impostura. Hace ya tiempo que Guardia Civil, Policía Nacional, jueces y fiscales la derrotaron, cercenando su vis asesina. ETA dejó de matar no por falta de ganas, sino porque ya no puede, y por eso intenta con esta última farsa que su recuerdo se perpetúe con un relato construido por miserables. Es algo que no puede consentirse.

¿Le quedan armas a ETA? Obviamente, aunque de otro tipo. Su última “hazaña” fue apalear entre una treintena a dos guardias civiles y sus novias para, posteriormente, pavonearse en redes sociales. Es aquí donde el odio inoculado durante décadas aún pervive. No hay comandos ni coches bomba, aunque sí matones en Navarra y Euskadi que actúan impunemente tanto en las calles como tras un teclado. Y mientras la izquierda mediática y política siga bailándoles el agua, los restos de la banda nacionalista seguirán mancillando la memoria de las víctimas.

ETA, conviene recordarlo, es de izquierdas y nacionalista a partes iguales, y nunca ha tenido dificultades para encontrar quién le echase un capote. No hay que olvidar que fue el PSOE quien le puso alfombra roja para que entrase en las instituciones, empeñándose en legalizar sistemáticamente el brazo político que tocase. Daba igual el nombre: Bildu, Sortu, Amaiur…los herederos de Batasuna siempre han estado ahí. Y fue uno de los hombres de Zapatero en Estrasburgo, Luis López Guerra, quien movió lo indecible para que se derogase la doctrina Parot.

Apenas han entregado un puñado de pistolas y unos cuantos kilos de explosivo en mal estado. Se han cuidado muy mucho de guardarse “armas comprometidas”; por ejemplo, la que acabó con la vida de Gregorio Ordóñez. Y tantas otras. Si lo hicieran, cientos de asesinatos quedarían esclarecidos, y sus autores tendrían que rendir cuentas. De ahí que ETA no tenga el más mínimo interés en colaborar con la justicia. Tampoco han mostrado intención de pedir perdón a las víctimas. Uno de sus miembros más activos a la hora de humillarlas, Arnaldo Otegui -el amigo de Jordi Évole-, se permitía tildar a España y Francia de “enemigos de la paz”. Y todo parece indicar que un asesino de niños como Josu Ternera, cuyo paradero conoce el Gobierno desde hace años, aspira a tener un papel estelar en su siguiente performance.

La izquierda digital -medios quebrados en papel y que ahora escupen su veneno en la red-, sus jefes de Podemos, la CUP, el ayuntamiento de Pamplona o el gobierno foral navarro; poco importa quién y en qué medida. La simpatías proetarras son más que evidentes, y su ambigüedad, palmaria. Hasta el PP parece plegarse -¿A alguien le extraña?- a la vieja aspiración nacionalista de modificar la política penitenciaria para que los asesinos estén confortables. En todo caso, es más fácil desplazarse 300 kilómetros para visitar a un criminal vivo que unos cientos de metros a un cementerio para llorar a un inocente asesinado. Queda, pues, aún mucha miseria por aflorar. Si pudiera, ETA seguiría matando. Dada la feliz imposibilidad de esta circunstancia, disfrutará viendo como algunos crean un relato falaz que les justifique y de paso denigre a sus víctimas. Basta leer o escuchar los medios antes citados para darse cuenta de la podredumbre moral que se nos viene encima.

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