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REYES Y DICTADORES

jueves 17 de julio de 2008, 21:29h
El Rey de Arabia Saudí es un dictador. Hablemos con claridad. También lo es el de Kuwait y el de Bahrein y el de los Emiratos Árabes... La política real no admite eufemismos. El presidente de la República de Corea del Norte es un dictador como el de la República de Zimbabue. Hay Monarquías, como la sueca y la danesa, asentadas sobre la democracia pluralista, igual que lo están la República francesa o la austríaca. Lo que importa en las formas de Estado es el contenido, es el reconocimiento de que la soberanía nacional reside en el pueblo y que las leyes derivan de la voluntad general libremente expresada.

La presencia en España del dictador de Arabia Saudí resulta irritante, como lo sería la del dictador de Cuba. Todo lo que ha ocurrido en España con el encuentro entre religiones organizado por el monarca saudí es una camelancia, una máscara de la que es necesario despojar a los carotas que tras ella pretenden camuflarse.

En Arabia Saudí es imposible construir un templo cristiano. Un europeo, agnóstico o creyente, que se camuflara para visitar la Meca por curiosidad artística o histórica sería ajusticiado de forma fulminante si le descubrieran. El dictador de Arabia Saudí ha venido a España a hacernos comulgar con ruedas de molino. Tendrá mucho petróleo, nadará en la abundancia, pero es un tiranuelo que se enseñorea sobre una nación de la que ha extirpado hasta la más mínima manifestación de la libertad.

Los españoles que defienden la democracia no quieren que permanezca aquí un dictador como el saudí que nos obsequia con su desfachatez y su cinismo. Ya está bien de contemplaciones. La realidad política, social y religiosa de Arabia Saudí, el trato que reciben allí las mujeres, haría enrojecer de vergüenza a cualquier dirigente responsable. En farsas como ésta no se puede andar con tapujos ni veladuras.
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